Hoy le canto al olivino
-magno nesosilicato
de octorrómbico sustrato-
el de magnesio divino.
Alzo mi copa de vino
por esta peridotita,
plutónica forsterita
de un verde oliva supino.
Eso sí, en verso de espino
sin pizca de fayolita.
Filosofía de la Cuasi Sincronía (FCS) I
El estudio cada vez
más afinado y exhaustivo y viceversa de la cadena infinita de las causas que
producen efectos que a su vez generan causas que etcétera, fue el gran hallazgo
de la filosofía griega –o eso dicen los sabios-, que todavía hoy constituye el
paradigma de la investigación científica y del avance en el conocimiento del
comportamiento de los seres humanos. De ahí que sea un lector habitual de los
libros y revistas de divulgación científica y de historia. En mi fuero interno
más íntimo, sin embargo –inconsciente, subconsciente o infraconsciente aparte-,
siempre he sido y sigo siendo un apasionado y sobe todo gozoso observador de la
fenomenología asociada a las simultaneidades, lo que me ha eximido de ser un científico,
un historiador o incluso un psicólogo o un juez. El último ejemplo de lo
acertado de mi elección filosófica heterodoxa me lo ha proporcionado la
cuasi “sincronía” –por emplear una
palabra grata a C.G. Jung- entre la elección de Donald Trump, un auténtico
pícaro made in USA en la mejor tradición española del Siglo de Oro, como me
recuerda mi buena amiga y la muerte del poeta ambulante canadiense Leonard
Cohen. ¿Significa esto el final de un mundo y el comienzo de otro nuevo, como
asegura una tal Marine Le Pen desde Francia? Suspendo el juicio al respecto,
pero me pregunto a mi vez: ¿es el comienzo de la invasión –en principio sólo
cultural, pero todo se andaría llegado el caso-, por parte de los Estados
Unidos de Norteamérica de su vecina y ansiada cándida novia Canadá? La creación
de una muralla, un “limes” con México, caso de erigirse, como garante de una guerra
en un solo frente por el Norte, nos certificaría, o casi, una respuesta
positiva.
Tienen razón
quienes piensan que todo esto de la reflexión sobre y “desde” la simultaneidad
carece de valor. Las casualidades no son más que eso, casualidades a las que no
hay que dar la más mínima importancia (pobre Alfred Adler, qué mal lo pasó el
hombre y qué poco se quejó). El empleo constante de términos ambiguos como
“casi”, “cuasi” y similares así lo certifican. Pero, ¿qué quieren? Yo disfruto
especulando con ellas. Y no tengo la más mínima intención de prescindir del
gozo que me procuran.
P.D.: Por cierto,
fue un profesor de matemáticas, no recuerdo su nombre, quien me inició,
probablemente sin quererlo, en la
Filosofía de la Cuasi Sincronía (FCS) al mencionar, de manera
totalmente anecdótica, el descubrimiento simultáneo del cálculo diferencial por
parte de Leibniz y de Newton. Creo recordar que a él le gustaba más Leibniz que
Newton, como a los que nos gusta más Cohen que Dylan. Pero esa es otra
historia.
El muerte roto (Metarqueología estructural)
Quien más quien menos, todo el mundo sabe como es por fuera y que aspecto
general presenta un muerte roto. Todos los museos del mundo y la mayoría de las
colecciones privadas disponen de ellos en sus paredes, anaqueles y vitrinas.
Muertes rotos aparecen de continuo en las pantallas de nuestros televisores,
bien que reducidos a dos dimensiones espaciales y abunda la literatura, tanto
especializada como meramente divulgativa, al respecto. No me detendré pues en
detallar ni su aspecto ni sus características. En vez de ello dedicaré este
breve ensayo a exponer sucintamente el panorama general de los intentos,
infructuosos hasta el momento, tendentes a elucidar la posibilidad de
contemplar la estructura profunda del muerte.
Una de los motores que ha impulsado siempre a la humanidad en
su avance tanto científico como tecnológico, ha sido, más que el interés
crematístico o el ansia de poder sobre la naturaleza, la curiosidad. Y así, por
ejemplo, buena parte de nuestro tiempo y del anterior ha dedicado esfuerzos y
dinero sin parangón con ninguna otra actividad volcada al conocimiento, en
responder a la cuestión de cómo es un muerte por dentro sin tener que recurrir
a métodos destructivos para averiguarlo. Pero hasta el día de hoy, ninguno de
los miles de experimentos llevados a cabo ha dado resultados positivos porque
aún sigue siendo cierta la absoluta necesidad de romperlo, de despedazar al muerte por así decir, para
poder contemplarlo en profundidad. Ya el hecho de tener que fragmentarlo
implica que, muy posiblemente, no estemos observando el muerte en su
integridad, asunto que preocupa de manera especial a la comunidad científica,
porque, “si el muerte roto ya no es el muerte íntegro, ¿cómo podemos saber algo
realmente válido sobre él? ¿No nos estaremos engañando al dotar al muerte de
propiedades que sólo se hacen efectivas cuando se ha conseguido romperlo?”
Por supuesto, las técnicas de corte han mejorado ostensiblemente, desde
el sencillo hachazo en el justo medio
del muerte de los primeros tiempos, hasta el más sutil uso exhaustivo del rayo
láser en la actualidad, pero ello no ha ampliado tanto como se esperaba nuestro
conocimiento sobre el muerte. Y no deja de ser curioso, porque se creía que el
empleo del pico era tan destructivo que lo que después se veía del muerte no
era ni el muerte ni nada. Y, sin embargo, las modernas técnicas han puesto al
descubierto que, de alguna manera, da igual el método demoledor empleado. El
muerte por dentro se ve igual después del vulgar hachonzazo que tras ser
finamente troceado con el láser. Si nuestro conocimiento sobre él ha avanzado
algo, y muchos lo dudan seriamente, no ha sido gracias a la manera de abrir el
muerte, sino a las técnicas de manipulación avanzadas sobre los fragmentos
resultantes. Otro método, que se pretendió útil en su momento, pero que
finalmente condujo al mismo fiasco, fue la utilización de agentes abrasivos
localizados en puntos estratégicos del muerte, con la intención de desgastar
mínimamente una parte de su superficie externa, de su epidermis por así decir,
y poder observarlo por dentro como a través de un papel de celofán
transparente. No se veía nada.
Una vía de análisis bastante prometedora, al decir de sus
defensores, es la de la técnica ecográfica, casi al modo pediátrico, pero los
resultados, si los hay, no han sido presentados en público. Algunos piensan,
incluso que no hay frecuencia capaz de dibujar un mapa del núcleo sin
fragmentar el muerte, con lo que seguiríamos como al principio.
Por supuesto, los experimentos encaminados a la observación
exhaustiva del muerte sin necesidad de arruinarlo, continúan, aunque los
gobiernos gastan cada vez menos en ellos y las empresas privadas van perdiendo
interés. No así los científicos. La cuestión de fondo, desde mi punto de vista,
estriba en la necesidad de convertir el estudio del muerte, íntegro o roto, en
un campo de investigación multidisciplinar en el que tuvieran cabida no
únicamente físicos y biólogos moleculares como en el presente, si no
arqueólogos, como los del pico y la pala, matemáticos del caos, informáticos
especializados en diseño gráfico, modistas, etcétera. Sólo así será posible
algún día, si ese día llega, aprehender el muerte sin necesidad de destruirlo.
Las preguntas pendientes de respuesta son, en cualquier caso,
estas: si ese día llega, si finalmente somos capaces de obtener un conocimiento
objetivo y no destructivo sobre el muerte, ¿será útil en algún sentido esta
comprensión para la humanidad o simplemente constituirá un hito más en el
camino de las curiosidades desveladas? O esta otra: un conocimiento más preciso
sobre el muerte, caso de que se produjera, ¿nos impediría de alguna manera
seguir rompiendo muertes? ¿Estamos hoy día, realmente, fragmentando muertes por
razones de conocimiento o, más bien, sin ton ni son? ¿Nuestras acciones al
respecto se corresponden con necesidades aprehensivas ampliamente sentidas por la
sociedad, o interesa únicamente a un puñado de científicos ociosos? Estos
piensan, en cualquier caso, que, si en un futuro impreciso, fuésemos capaces de
descubrir aunque solo fuera un par de propiedades del muerte integro, dicho
conocimiento nos permitiría utilizar los muertes en nuestro propio beneficio.
Los muertes rotos solamente sirven como atracción museística, además, en
decadencia.
La muerte inmortal
El
problema principal que se le plantea a un muerto no es tanto haber fallecido
definitivamente como el que los demás no se lo acaben de creer, lo cual lleva
siempre a incómodos malentendidos. No me referiré aquí a los presumibles seres
queridos o querientes del finado que, por razones habitualmente lógicas nunca
acaban por creérselo del todo, sino, más bien, a “los otros”, entendiendo por
tales a los indiferentes o incluso a los desconocidos en el momento de
producirse el óbito y que posteriormente aparecen como admiradores, amigos e
incluso enemigos declarados y que suelen proliferar como hongos tras la firma
del certificado de defunción y saludan al muerto como si le conocieran de toda
la vida. “¡Ay, cabroncete, al fin te fuiste ¿eh?!” y mueven la cabeza con gesto
reprobatorio. De nada sirve que les digas que se vayan a la mierda, que ahí, o
sea aquí, en el velatorio, no pintan nada, que te dejen en paz con tus
recuerdos. Llegan y lo hacen para quedarse, para hacerse los amos, para
quitarte incluso ese último instante de gloria de haberte muerto. Se me dirá,
con razón, que eso de decir “he fallecido definitivamente” no es más que una
reminiscencia del pasado, de cuando moríamos de verdad y para siempre y que en
nuestro mundo, hablando con propiedad, nadie muere realmente, que es sólo un
trámite, un protocolo si se quiere, al que sigue siempre el renacimiento. Todo
esto es cierto, pero me siguen molestando estos buitres. Y eso que ya he muerto
tres veces, cuatro con ésta, y debería haberme acostumbrado. Y lo que peor sigo
llevando es eso de que se lleven a tu última esposa esposa, a tus más recientes
hijos, a la otra habitación, “para consolarlos”, dicen. “Para que se olviden de
ti antes que tú de ellos”, diría yo. Sí, reconozco que a mi “qué más me da” si
ya no voy a reconocerles cuando se me acabe la muerte, ni ellos a mí si me
encuentran casualmente un día por algún oscuro pasillo o en el ascensor, pero
¿había tanta prisa por apartarlos de mí?
Juicio Final
Lo malo es que el juicio final no acaba de arrancar. Que si
las pruebas periciales, que si los aplazamientos, que si los defectos de
forma... y aquí estamos todos, los vivos y los muertos, sin tener muy claro qué
hacer ni como comportarnos los unos con los otros.
Latín para el día a día
‘A
minori ad maius’: En
el juego del mus, sobre todo, para envidar a chica y a grande al mismo tiempo.
‘A
pari’: también en el juego del mus. Se usa en la expresión "argumento a pari", con
que se echan cinco a pares
‘A
pedibus usque ad caput’:
Peerse por el capullo. Procacidad fuera de uso.
‘Ad
pedem literae’: Expresión cuartelaria. Un pedo en la litera, generalmente
cuando el excretor ocupa la cama de arriba.
‘Baccalaurei
in Artibus’:
Bacalao del ártico.
‘Dura
lex sed lex’: slogan publicitario. Los vasos duralex quitan mejor la sed.
‘Lapsus
linguae’: … con lengua. Procacidad.
‘motu
proprio’: moto propia, sobre todo si es una Harley.
‘non liquet’:
no hay líquido, no hay agua, ni vino, ni cerveza. Ni nada para beber.
‘non
plus ultra’: En el juego de la ruleta, cuando no se admiten ya
más apuestas. Equivale al no va más.
‘nota
bene’: buena nota (de notable en adelante)
‘Pacta
sur servanda’: la pasta está servida (en la mesa, por ejemplo)
‘Quid
pro qulo’: Que le den por donde amargan los pepinos. Procacidad.
Entre el algo y la nada
¿Por qué hay un algo y no nada?
Me anonada
la pregunta
que se hace Brahmagupta.
¡Cómo apunta
en forma vaga
a la existencia de un cero!
Pero siempre queda un pero:
¿no será quizá este cero
la prueba de que no hay nada?
O, si la nada no existe,
¿por qué motivo persiste
la sensación de una nada
que anonada?
Menús cuaresmales. Hoy: Bergoglio bonaerense sobre nido de avispas
Ingredientes para
cuatro personas:
un bergoglio fresco. El bergoglio es un pez que se corrompe fácilmente, por lo que es conveniente iniciar la preparación del plato nada más llegar a casa.
Un nido de avispas de tamaño medio de cualquier diócesis.
Dos peras conferencia. A ser posible, episcopales.
Cuatro cucharadas soperas de aceite de oliva. Si no es virgen, mejor.
Un manojo de cirarda y otro de merchán.
Agua y sal.
Preparación:
Se deja cocer a fuego vivo el bergoglio entero con el manojo de cirarda y el merchán, removiendo de vez en cuando y mentando a su madre, hasta que deje de golpear con los puños. Apagamos el fuego, escurrimos el agua (que verteremos en otro pote si es que queremos más tarde hacer un caldo) y reservamos.
En una sartén grande o mejor en un work, ponemos dos cucharadas de aceite y echamos el avispero, sofriendo hasta que se dore. Partimos las peras conferencia por la mitad y les extraemos el corazón, si es que lo tienen. Es importante no quitarles la piel. Añadimos las peras al work junto con el aceite restante hasta que ya estén hechas. Esto se sabe porque la piel se queda muy rugosa. Partimos el bergoglio en cuatro trozos, le añadimos la sal y lo echamos sobre el nido con las peras, pasando a fuego lento como unos cinco minutos. Se sirve caliente.
un bergoglio fresco. El bergoglio es un pez que se corrompe fácilmente, por lo que es conveniente iniciar la preparación del plato nada más llegar a casa.
Un nido de avispas de tamaño medio de cualquier diócesis.
Dos peras conferencia. A ser posible, episcopales.
Cuatro cucharadas soperas de aceite de oliva. Si no es virgen, mejor.
Un manojo de cirarda y otro de merchán.
Agua y sal.
Preparación:
Se deja cocer a fuego vivo el bergoglio entero con el manojo de cirarda y el merchán, removiendo de vez en cuando y mentando a su madre, hasta que deje de golpear con los puños. Apagamos el fuego, escurrimos el agua (que verteremos en otro pote si es que queremos más tarde hacer un caldo) y reservamos.
En una sartén grande o mejor en un work, ponemos dos cucharadas de aceite y echamos el avispero, sofriendo hasta que se dore. Partimos las peras conferencia por la mitad y les extraemos el corazón, si es que lo tienen. Es importante no quitarles la piel. Añadimos las peras al work junto con el aceite restante hasta que ya estén hechas. Esto se sabe porque la piel se queda muy rugosa. Partimos el bergoglio en cuatro trozos, le añadimos la sal y lo echamos sobre el nido con las peras, pasando a fuego lento como unos cinco minutos. Se sirve caliente.
Aunque la tradición
marca que se acompañe de un vino blanco, tal como el Gessamí, yo aconsejo un
Sangre de Judas.
Próxima receta
"Rouxos a la importancia".
Restaurante “El poeta bufón” I
(Entrega
los menús)
-
¿Puedo ya tomar nota de la “comanda” a los señores?
-
¿Qué trae la tabla de octosílabos?
-¡Oh!,
pues… de todo un poco, señor: sonetillos a la importancia, quintillas picantes,
cuartetas al rústico modo…
- Muy
bien, pues una tabla de octosílabos para abrir el apetito.
- ¿Y
de primero?
- Para mí, un soneto alejandrino con estrambote
rubeniano. No muy hecho.
-
¿Vuelta y vuelta?
- Yo
no diría tanto. Crujiente por fuera y modernista por dentro, a ser posible.
- Por
supuesto, señor.
- Yo
me voy a pedir,… a ver… ¡Si! Décima espinela sobre lecho de epigramas
insultantes.
-
Sabia elección.
-
¿Está fresca la lira?
-
Recién compuesta.
- Una
lira pues. Es tan difícil encontrar una hoy día…
- ¿De
acompañamiento?
-
Nada de guarnición, gracias.
- ¿Y
para usted, señor?
- Un
platillo de haikus con haigas.
-
Preguntaré al chef, pero me temo que no nos quedan. Es un producto muy solicitado
últimamente.
- En
tal caso, unas tercerillas con guarnición de dísticos elegíacos.
-
Perfecto. Los señores han elegido bien. ¿Y de segundo?
- Antes
habrá que ver si somos capaces de digerir el primero.
-
Entendido. Enseguida les envío al sumiller.
- No
será necesario. Dos botellas de vino de Graves, Château Carbonnieux cosecha del
veintisiete.
- Muy
bien (retira los menús)
La conciencia demolida
- Hola hermana, ¿qué te cuentas?
- ¡Mamá ha muerto, Jorge, mamá ha muerto!
- Mamá murió hace seis años, Ángela.
-¡Acaba de morir, imbécil!
-¡Dios mío, Ángela, es horrible, horrible! Pásame con
Alfredo, haz el favor.
-¿Con quién?
-Con Alfredo, tu marid… tu cuidador.
-Quieren habla con usted
-¿Quién?
- No sé
- Dígame.
- Hola Alfredo, soy Jorge. ¿Tan mal anda la cosa?
- Pues ya lo ves, Jorge. Ya lo ves.
-Vaya. Si puedo hacer algo, lo que sea…
- No, no puedes, Jorge. Ni tú ni nadie. Sólo queda esperar.
- Está bien, Alfredo. Un abrazo.
- Un abrazo, cuñado.
-¿Con quién hablas, papá?
- Con mi hermana y mi cuñado.
- ¿Con quienes?
- ¡Con Ángela y Alfredito. No tengo más hermanas ni más
cuñados, joder!
- Papá, los tíos murieron hace tres años.
- ¿Y quién coño es usted?
A duras penas, Laurita contiene las lágrimas. Sabe que eso
pone más furioso a su padre.
- Soy su cuidadora, señor Ferrán. Sólo soy su cuidadora.
-¡Ah, sí, cierto, cierto! Perdone mi impertinencia,
señorita. Es que a veces no sé qué me pasa que…
-No importa, señor Ferrán –dice Laurita, mientras pasa suavemente sus
manos por las mejillas que recién le acaba de afeitar -No importa.
El buen lector y la ira
Si
algo puede provocar, y de hecho provoca, las iras del más desapasionado buen
lector, es que le interrumpan en su concentración mientras lee lo último de su
autor preferido.
-
(¡Dios, que aburrimiento!). ¿Qué haces?
-
(Ya empezamos). Leer.
-
(Serás imbécil). Eso ya lo veo. Me refiero a qué estás leyendo
-
(Serás borde). Un libro, ¿no lo ves?
-
(Tienes la gracia en el culo). No, si de eso también me he dado cuenta. Quiero
decir, qué libro lees, de quién es, de qué trata, ya sabes, todo eso.
-
(Como si te importara una mierda). Los ‘essais’ de Armidov.
-
(Serás pedante) ¿Los qué?
-
(Ignorante y plomo). Los ‘essais’, los ensayos de Leo Armidov. ¿Te importa que
siga leyendo?
-
(Anda y que te den) En absoluto. ¿Y de qué tratan?
-
(Grrr…). De nada… De todo… No sé.
-
(Tu lo has querido) ¿Y para qué los lees si no sabes de qué tratan?…Por cierto,
ha llamado tu madre. Que si vamos a comer con ella pasado mañana.
-
(Ahora se mete con mi madre. Será…) ¡A mí que me importa!
-
(¿No querías guerra?) Oye, oye, que es tu madre, no la mía. Cómo te pones, por
dios santo.
-
(¡Impertinente, impertinente, impertinente!) Intento leer, cariño.
-
(Pues lo llevas claro) ¿Y quien te lo impide?
-
(Cuenta hasta diez y respira profundamente, así, así, así…) ¡Tú, maldita sea!
¡Me lo impides tú!
-
(¡Abrase visto grosería…!) ¿Yo?... Vale, vale, ya te dejo con tu Armidov, o
como se llame. Sólo quería que habláramos un poco. Pero, quita, quita, tú a lo
tuyo, como siempre.
-
(¡Hasta aquí hemos llegado!) ¡Mira, mira lo que hago! ¡Ras, ras! Ya está, ya he
roto el libro. ¿Te quedas a gusto así?
-
(Serás bestia) Pero, ¿qué has hecho?
-
A ver, ¿de que coño querías que hablásemos?
-
¿Yo? De nada.
Envidiosín compositum
Envidiosín compositum es un
medicamento de amplio espectro que combate eficazmente el malestar físico y el
estrés psicológico provocado por la observación continuada del éxito ajeno en
nuestra vida cotidiana.
Su principio activo, la envidiosina,
es una de las múltiples endorfinas (o péptidos opiodes) que nuestro organismo
es capaz de producir tanto en el infundíbulo del hipotálamo como en la
hipófisis o glándula pituitaria, y su objetivo es el de propiciar, mediante un
proceso enzimático complejo, la creación de una capa protectora que evita o
retrasa la corrosión de las entrañas y el exceso de bilis negra que el hígado
produce en tales situaciones. Tanto si el organismo humano se muestra incapaz
de sintetizar la suficiente envidiosina como para generar un cierto estado de
bienestar físico y mental frente al éxito del vecino –síndrome del odio
indefinido-, como si produce un exceso de la endorfina en cuestión –síndrome de
la reversión admirativa-, se produce en la retina una redistribución anárquica
de la jerarquía establecida de los valores cromáticos y de iluminación entre conos y bastones, que pueden llegar a
privar al sujeto de su visión objetiva.
Más que inhibir o propiciar el
proceso de fabricación de envidiosina, lo que hace este medicamento es, pues,
regular su formación, evitando tanto el exceso como el débito en la creación
del péptido en cuestión.
Joyce14.Pro. Introducción general
Bienvenidos a JOYCE14.PRO, la
última versión del programa líder del mercado informático para la creación y
retoque literario. Desde su primera versión de 1985, JOYCE ha constituido una
herramienta imprescindible tanto para escritores noveles como para autores de
reconocido prestigio internacional. Paul Auster, Ken Follet, o Antonio Muñoz
Molina siempre se han mostrado entusiastas partidarios de su utilización
exhaustiva y Arturo Pérez Reverte llegó a decir de él que “sin Joyce, jamás
hubiera sido posible mi serie de Alatriste tal como se la conoce en la
actualidad” Para quienes aún no lo hayáis utilizado nunca en vuestros escritos,
comentaré sencillamente que JOYCE no es un simple procesador de textos al uso.
Con él, podréis crear desde breves narraciones, de solamente una línea de
texto, hasta largas novelas de más de seiscientas páginas, pasando por essais y poemarios
completos casi desde cero, con sólo un par de clics del ratón y poco más. Para quienes
hayáis utilizado el programa anteriormente, la nueva versión pro, viene con tal
cantidad de nuevas herramientas y mejoras en las ya existentes que, sin duda, os
merecerá la pena la exigua inversión que realicéis para pasaros a ella. De
entre las mejoras substanciales en las herramientas ya existentes, destacaré,
la completísima renovación del motor de gestión metafórico, que ahora no sólo
te informará de si una metáfora es realmente de tu autoría, sino que, de no ser
así, te abre un completo set de opciones, entre las que se incluye la de
permitir al programa generar una alegoría partiendo de la plagiada, por ejemplo,
sin que nadie pueda reclamarte derechos de autor.
Entre los nuevos útiles, los más importantes,
sin duda, son el novísimo y muy potente generador de estilo literario propio y
el increíblemente versátil intérprete integrado de imagen visual.
En versiones anteriores de JOYCE,
cuando escribías un texto y dudabas de si estabas o no en posesión de un estilo
literario propio, la única opción disponible era la de acceder al comando
“Comprobador”, mediante el cual, el programa te indicaba si realmente tu estilo
era personal o si, por el contrario, existía una peligrosa similitud con el de
algún autor ya conocido. Si era así, lo único que podías hacer era reescribir
tu texto cuantas veces fuera menester hasta que el “Comprobador” no veía
similitudes de más del cincuenta por cierto con alguno de los autores
reconocidos. Era un trabajo tedioso y aburrido que podía durar horas, días e
incluso años de extenuantes esfuerzos por tu parte. Con el Generador de estilo
propio o personalizado, tu escribes un texto cualquiera y JOYCE no sólo te
indica que estás utilizando un estilo literario ajeno, sino que te permite
generar tu propio estilo literario, de forma tal, que una vez aceptado, es
JOYCE y no tu, quien reescribe todo el texto que hayas introducido con ese
estilo personalizado. Dedicaremos un capítulo completo del manual a esta
poderosa herramienta, concediéndole así toda la importancia que merece.
Imagina que nunca has estado en Buenos
Aires, pero quieres que parte de la acción de la novela que estás escribiendo,
por ejemplo, transcurra en sus calles. Bastará con que entres en el menú
Intérprete de imagen de JOYCE y teclees “Buenos Aires”. El programa actualizará
tu texto para que la parte de la acción que marques se desarrolle en dicha
ciudad. Pero si quieres mayor precisión, sólo tienes que ir al ‘map’ de Buenos
Aires y elegir aquellos espacios concretos que desees: la sede del parlamento,
si existe, o el hospital general, por ejemplo. También dedicaremos un capítulo entero
al aprendizaje del Intérprete integrado de imagen visual.
Los usuarios de JOYCE13
observaran algunos cambios tanto en los menús Obra y Autor, que ahora se han
unificado, como en claras mejoras en los formularios de inicio, de las que
iremos dando cuenta a lo largo de este manual. Así por ejemplo, si has decidido
escribir una novela –o que JOYCE la escriba por ti-, ya no es necesario que en
el form de “personajes” rellenes tantos datos sobre el número y carácter de los
protagonistas como antes. Podrás ir añadiendo características sobre la marcha y
el programa reescribirá el texto en función de las novedades que vayas
marcando.
Para seguir este curso con
aprovechamiento es necesario tener instalado en tu ordenador el programa. En la
página oficial de JOYCE, puedes acceder a “Programas de evaluación” y pinchar
en JOYCE14.PRO. Se instalará una versión de prueba con validez temporal por
tres meses que, eso sí, no te permitirá guardar los datos de estilo propio que
hayas generado hasta que no te registres como usuario final.
Próxima entrega: Primeros pasos
con JOYCE14.PRO.
Las cuevas del Monte Carmelo
23 de Marzo
Estimado señor Z: siento informarle que la cueva ref.: E-4
del sector A-516/NAZ98 del Monte Carmelo, por la que usted se interesa para sus
labores de meditación y anacoretismo vacacional, está ya arrendada para los
meses de Julio y Agosto del año en curso, por lo que resulta de todo punto
imposible acceder a su petición. Otras cuevas cercanas, incluso dos en el mismo
sector, están disponibles a precios que oscilan entre los dos mil y los dos mil
quinientos euros/día, sensiblemente más baratas, si así lo desea, para la
segunda quincena de Agosto y/o la primera de septiembre. Como quedan muy pocas
le recomiendo que, si está interesado en alguna de ellas, se ponga en contacto
con nosotros a la mayor brevedad, dada la demanda existente. Atentamente suyo.
Isaac Salem Director
gerente de Anacor Tur International
Señor Salem: como usted sabe perfectamente bien llevo
dieciséis años seguidos, sin faltar ninguno, ocupando, en calidad de meditador
y anacoreta vacacional, ¡con carné de socio honorario!, la cueva ref.: E-4 del
sector A-516/NAZ98 del Monte Carmelo, durante los meses de Julio y Agosto. Y
ahora me sale usted con que, para el presente año, la tiene ya alquilada a un
tercero. Y encima me suelta usted el retintín de “sensiblemente más baratas”,
ahórreselo ¿Le debo algo? ¿He dejado de pagar alguna vez? ¿Debería saber algo
que ignoro, en definitiva? ¿Es ese su concepto de probidad profesional?
Atentamente, tanto como puedo serlo dadas las circunstancias: Señor Z.
Estimado señor Z: Es mi deber recordarle, dada la
contundencia de su correo electrónico y sus formas poco respetuosas para con
nuestra organización, que, con fecha 16 de Marzo, hace apenas una semana,
tuvimos el honor de enviarle a ese mismo apartado de correos notificación
escrita que, por si la ha olvidado, decía literalmente lo siguiente: “Estimado
señor Z: le rogamos confirme a la mayor brevedad interés en el arrendamiento de
la cueva ref.: E-4 del sector A-516/NAZ98 del Monte Carmelo para los meses de
Julio y Agosto del año en curso, pues tenemos un cliente interesado en la misma
y usted, como socio honorario tiene preferencia. Atentamente suyo Isaac Salem
Director gerente de Anacor Tur International”. Me permito, así mismo,
recordarle su respuesta, que nos llegó el mismo día y por el cauce habitual:
“Señor Salem: gracias en primer lugar por su requisitoria. Este año no estoy
para meditaciones ni anacoretismos. Como amigo que, después de tanto tiempo he
llegado a considerarle, me permito hacerle la pequeña confidencia de que este
año, me voy de vacaciones los meses de Julio y Agosto a una isla paradisíaca
del Caribe donde, sinceramente, no espero hacer demasiada meditación ni
anacoretismo y sí mucho ejercicio, si usted, buen amigo, me entiende.
Atentamente Señor Z”. En cualquier caso la expresión “sensiblemente más barata”
no llevaba, por mi parte, ninguna segunda intención, por lo que le pido
disculpas si le he ofendido inadvertidamente. Y, desde luego, seguimos a su
entera disposición si desea continuar contando con nuestros servicios,
profesionales, en cualquier otra de nuestras cuevas disponibles.
Atentamente suyo Isaac Salem Director gerente de Anacor
Tur International
24 de Marzo
Señor Salem: ¿puedo atreverme a llamarle amigo Isaac
después de mi metedura de pata? Perdóneme, se lo suplico. Tiene usted toda la
razón del mundo. No sabe usted por lo que estoy pasando y después de su correo
de ayer noche me puse mucho peor. Se une a mi estado psíquico, la horrible
sensación de haber ofendido a un amigo, usted. No quiero aburrirle con mis
planes paradisíacos fracasados, pero le diré que necesito, de veras lo
necesito, recuperar mi estabilidad emocional y sé, lo sé positivamente, que
sólo en la cueva ref.: E-4 del sector A-516/NAZ98 del Monte Carmelo lo
conseguiré. Me atrevo en consecuencia, después de haberle dado muchas vueltas al asunto durante la noche,
pedirle un favor en recuerdo de nuestra relación profesional de tantos años. Me
atrevo, en suma, a pedirle -¿amigo?- que haga llegar a su cliente arrendatario
de la cueva ref.: E-4 del sector A-516/NAZ98 del Monte Carmelo para los meses
de Julio y Agosto del presente año una petición de mi parte –ya ve, amigo mío,
que hasta le permito que utilice mi nombre y apellidos a pesar del secretismo,
si lo estima oportuno- en el sentido de que acceda a cambiar su cueva por otra
diferente que incluso estoy dispuesto a sufragar de mi bolsillo. ¿Podrá usted
hacerlo, estimado Isaac? Cordialmente: Señor Z.
Estimado señor Z: como usted comprenderá, no puedo
prometerle nada. El estimado cliente que, ante su renuncia a la cueva ref.: E-4
del sector A-516/NAZ98 del Monte Carmelo, nos honró con su reserva para los
meses de Julio y Agosto del año en curso, ha firmado contrato en regla con
nuestra empresa y eso no se puede deshacer si no es con su aquiescencia. Y,
sinceramente, señor Z, dado el interés que mostró por esa cueva en particular el nuevo cliente
aludido, dudo que la dé. No obstante, me pondré en contacto con él y veremos
que se puede hacer.
Atentamente suyo Isaac Salem Director gerente de Anacor
Tur International
Mi buen amigo Ismail: cuando te arrendamos para los meses
de Julio y Agosto la cueva del Monte Carmelo para tu meditación trascendental y
anacoretismo vacacional que te dije que nadie quería –y era cierto en ese
momento-, por un precio de amigo- irrisorio, como habrás observado si has
consultado otras Operator Tours-, no sabíamos que a alguien más le pudiera
interesar esa caverna. Ahora me ha surgido un cliente nuevo al que parece que
le gusta esa cueva en particular para sus meditaciones. ¡Tu Alá o mi Yahvé
sabrán por qué! El caso es que me veo en la obligación de pedirte como amigo
que aceptes otra en el sector noroccidental, con mejores vistas y mayor
espiritualidad compulsiva – ¡y pierdo dinero en mi negocio!- para poder atender
debidamente su ruego. Si buenamente puedes acceder a mi propuesta, bien. Si no
puedes, tan amigos. Siempre tuyo, Isaac.
Hola Isaac: ¿pero qué me dices, hombre? A mi qué más me da
una cueva que otra. Para lo único que la quiero es para aislarme un poco del
mundo –dos meses seguidos, tío, ¿sabes lo que es eso?- y, con esa
justificación, huir un poco de los continuos reproches de Agar y los lloriqueos
de los niños. Si cogí esa cueva en particular, fue porque me la recomendaste tu
especialmente, pero si has encontrado otra mejor y eso sí, por el mismo precio,
pues mejor para todos. Y si además tu sacas un cliente nuevo como me dices,
pues enhorabuena. Un abrazo de tu amigo Ismail.
Sí, Ismail, el precio el mismo. ¡No pensarás que te iba a
cambiar de cueva y encima cobrarte más! No sabes, de verdad que no, el favor
que me haces, a mí y a mi empresa. ¡Te debo una! Bueno, besos a Agar y los
niños de tu amigo Isaac.
Estimado señor Z: malas noticias. El cliente de que le
hablé, aunque se muestra remiso en lo referente a cambiar de cueva, “estaría
dispuesto al trueque –son sus palabras textuales- a cambio de una cantidad en
metálico”. Si me permite, y ya que usted parece honrarme con su amistad, le
diré que el precio que exige por el canje de gruta me parece excesivo, así que
le he dicho que, por mí, puede quedarse con su ref.: E-4 del sector A-516/NAZ98
del Monte Carmelo para Julio y Agosto, tal como consta en su contrato de
arrendamiento, pero que, no obstante, consultaría con usted. Como él me
insistió en que le hiciera llegar su ofrecimiento, yo me veo ahora en la
vergonzosa obligación de comentarle su estipulación: exige la “friolera”, y
permítame el casticismo, de seis mil euros por día en dinero B si “quiero”
–en este caso, “si quiere” usted- recuperar la cueva. Como ni yo, ni pienso que
usted, estoy dispuesto a acceder a semejante abuso que linda en lo puramente
delictivo-chantajístico, le ruego, como amigo suyo que me honro en ser, a que
recapitule y acceda a ocupar cualquiera de las cuevas que aún quedan libres al
precio especial que considere oportuno. Estoy dispuesto Señor Z, a rebajar
incluso mi margen de beneficios aunque sólo sea para no favorecer a “crápulas”
como mi cliente de marras.
Atentamente suyo Isaac Salem Director gerente de Anacor Tur
International
Tu e-mail me demuestra lo que yo ya sabía, mi buen amigo Isaac.
Sé que tienes, como siempre, toda la razón del mundo y que deberíamos enviar al
cliente que se ha apropiado de mi cueva a tomar por el culo. ¡Quizá hasta le
gustaría, ja, ja! Pero la necesito más que en todos los años anteriores que
llevo yendo a anacoretimizarme allá. No te voy a confesar mis pecados, no es
cuestión ahora de molestarte con mis terribles sufrimientos espirituales, en
parte derivados de una hija de la gran puta descendiente de Eva, que no de
Adán, pero dale a ese cabrón sus seis mil euros de mierda al día –te los
reembolsaré por el conducto habitual- y que se vaya con sus meditaciones a otra
cueva. Ya sabes que el dinero no es mi problema, ¡ojalá lo fuera! Esa cueva es
mía y la necesito yo. Y de rebajar tus honorarios o los de tu empresa, ¡nada de
nada! ¡Estaría bueno, encima de lo que estás haciendo por mí! Un abrazo de tu
amigo Z
25 de Marzo
Estimado cliente y buen amigo, señor Z: me complace
informarle que su cueva ref.: E-4 del sector A-516/NAZ98 del Monte Carmelo
estará disponible para usted, en los términos habituales de habitabilidad, en
las fechas comprendidas entre el 1 de Julio y el 31 de Agosto del año en curso,
ambas incluidas. Le recuerdo, al respecto, la obligatoriedad, por su parte, de
firmar inteligiblemente la cláusula adicional del párrafo tercero barra cuatro
(3º/4) en lo referente a peligrosidad derivada de aislacionismo prolongado y
riesgos derivados de los que nuestra empresa, bajo ningún concepto puede
hacerse responsable.
Siempre suyo su
agente de viajes y amigo: Isaac Salem Director gerente de Anacor Tur Internacional.
7 de Julio
Tel Aviv Morning: Agencias: el hallazgo en la gruta
etiquetada como E-4 del sector A-516/NAZ98 del Monte Carmelo de un espécimen de
homo neanderthalensis en aceptable estado de conservación, no hubiese atraído
mayormente la atención de la comunidad científica de no ser por un curioso
detalle que ha hecho saltar la noticia a todas las linotipias. Alrededor del
cuello del esqueleto aun se podían recoger los restos de una soga hecha a base
de cáñamo trenzado. “Huesos de homo neanderthalensis hay en multitud de grutas
de Monte Carmelo, así que ya sabemos hace tiempo que tal espécimen, que no
antepasado, habitó las cuevas hace mucho tiempo –informa el Doctor Isaac Salem,
del centro paleontológico nacional-. El
problema que se plantea con este hallazgo no es sólo si el homo en cuestión se
suicidó o lo ahorcaron, lo cual es ya interesante de por sí, sino, sobre todo,
averiguar si el homo neanderthalensis era ya capaz de fabricar sogas de cáñamo
o si fue muerto por otro homo más evolucionado, como el Cromañón, del que
apenas tenemos referencias in situ en estas cuevas”.
Quinta generación
“Mi padre fue peón de hacienda
Y yo un revolucionario.
Mis hijos pusieron tiendas
Y mi nieto es funcionario.”
Victor Jara
-
Tengo entendido que su padre fue peón de hacienda. ¿Puede hablarnos de su
infancia en el agro mexicano?
- No,
no puedo, entre cosas porque mi padre no fue eso que usted dice y yo he vivido
siempre en un entorno urbano.
- Pero
según los datos que obran en mi poder…
- El peón
de hacienda fue mi bisabuelo. Al menos eso es lo que he oído decir siempre en el
entorno familiar.
- Pero
esto es absurdo. Usted es un reconocido revolucionario de los tiempos…
- En
absoluto. De hecho, ni siquiera creo en la revolución. No sé de donde ha podido
sacar usted la conclusión…
- Pues
está todo aquí, en la canción.
-
Déjeme oír… ya comprendo, escuche… ¿lo ve?… Lleva la firma del abuelo que, para
mi desgracia, se llamaba igual que yo.
- O
usted que él.
- Como
quiera. En cualquier caso, para mí supone un descubrimiento que fuera un
revolucionario. Mi padre nunca me habló de él. No en esos términos. Decía que
era un bohemio y un borracho, además de ladrón y que por eso le machacaron los
nudillos, y no nos dejaba ir a visitarlo a la cárcel.
- Así
pues, usted…
- Así
pues, yo soy funcionario. De Hacienda, para ser más explícito. Nada que ver con
la de mi bisabuelo que fue peón.
- ¿Se
dejó corromper alguna vez?
-
¿Quién? ¿Mi bisabuelo?
- No, vuecencia.
- La
pregunta es ofensiva, como puede usted comprender.
- No
hay preguntas ofensivas para un excelente periodista como yo, si usted me entiende.
- Está
bien, responderé como mejor sepa o me convenga. Puede que fuese un poquito
corrupto al principio de mi carrera. Al fin y al cabo mi padre puso tiendas,
una franquicia, ya sabe, y yo tenía la obligación moral de ayudar desde mi, por entonces, modesto
cargo de inspector de hacienda, al negocio familiar.
- ¿Y
después?
-Pasé
de poquito a gran corrupto nacional, je, je. Hablando en serio, en un grado de
corrupción de uno a diez, me apunto a un modesto siete coma tres.
-
Notable
- Sí,
bastante notable, es cierto. Pero recuerde que los hay con matrícula de honor.
- Eso
son palabras mayores y usted no supera el uno sesenta de estatura.
-
¿Pequeño pero matón, insinúa?
- Más
o menos.
-
Quizá tenga razón. Por cierto, ¿no le parece a usted, como excelente periodista
que dice ser, que esta conversación se está desmadrando un poco?
-
Créame que no, tengo mucha experiencia en estas lides.
- Lo
que usted diga. Prosiga pues con su entrevista.
- La
verdad es que ya no me quedan más preguntas.
-
Ánimo, hombre, alguna más se le ocurrirá. ¿No es usted un gran reportero?
- Está
bien, si insiste… vamos a ver… sí, aquí tengo una.
-
Dispare pues.
-
¡Pum! Je, je, es broma. Veamos,… ehhhh… ¡ah, sí!, aquí está. ¿Ha seguido
su hijo sus pasos de usted?
- ¿En
lo de corrupto?
- No,
en lo de funcionario de hacienda.
- En
absoluto. Más bien todo lo contrario. Es un muchacho muy especial, con un
cierto sentido de la nostalgia. Ha decidido regresar a los orígenes, al agro y
todo eso.
- No
me irá usted a decir que su vástago se ha hecho peón de hacienda.
- No,
no tanto. Más bien hacendado de hacienda. Dirige un cártel muy importante en
Medellín.
- ¿Su
hijo es un cartelista?
-
Bueno, pues sí, de los mejores y no es orgullo de padre, créame. Incluso le han
dedicado algunas rancheras.
- No
me diga.
- Pues
bórrelo de su artículo. Pero lo dicho, dicho queda y antes o después saldrá a
la luz.
- Es
que me ha dejado usted de piedra.
- En
tal caso, se acabó la entrevista, supongo.
- Donde digo piedra, digo china.
- Está
bien, le conseguiré una. Pero le advierto que mi hijo se dedica más bien a la
planta de la coca.
- Yo
me hago a todo.
Una historia del Bronx (Tragedia postmoderna en un acto)
Dramatis personae:
Mary Anne: prostituta de buen
corazón y mejor ver
Frankie: Rufián, "macrós" de Mary
Anne
Mickey: cliente y amigo de Frankie
En el cuchitril de Mary Anne,
Frankie y Mickey discuten acaloradamente, en tanto que la chica intenta poner
paz entre ambos. Mientras el telón asciende lentamente, podemos oír el inicio
de la discusión entre ellos. Ambos están en calzoncillos y llevan camisetas
interiores sin mangas, muy sucias (por gentileza de A Streetcar
Named Desire incorporated).
Mickey: Fuck you!
Frankie: No!, fuck you! (Mary
Anne, muy asustada, se muerde nerviosa el borde de su falda, permitiendo de
este modo al espectador observar desde la platea que no lleva bragas, aunque eso importa
poco a la trama argumental)
Mickey: no, no!, fuck you!
Frankie: no, no and no!, fuck you!
Mickey: De eso nothing, Mike,
(tartamudea nervioso) fu,fu,fu… fuck you!
Mary Anne: ¡Basta, basta, por God
os vais a matar si continuáis así!
Frankie: (dirigiéndose a Mary
Anne): ¡Shut up, bich, ¿no ves que estamos discutiendo tu precio?! (luego se
dirige nuevamente a Mickey): Fuck you!
Mickey: No!, fuck you!
Frankie: no, no!, fuck you!
Mickey: no, no and no!, fuck you!
Mary Anne: ¡Basta, basta, os vais
a matar a masturbations!
Frankie: (dirigiéndose a Mary
Anne): ¡He dicho que Shut up, bich! (luego se dirige nuevamente a Mickey): Fuck
you!
Mary Anne: (triste y llorosa como la alma máter) Oh, Frankie,
you are a son of bich.
Frankie: (se pone tieso y guarda
silencio. Saca una pistola del interior del calzoncillo y dispara sobre Mary
Anne, que cae muerta al instante)
Mickey: But, ¿Qué has hecho,
animal?
Frankie: Madre no hay más que una
y a ella la encontré en la calle. And more, la maté porque aún era mía.
Mickey: Ok!, siendo así… Bueno,
sigamos con lo nuestro. ¿Por dónde íbamos?
Ah, yes! Fuck You!
Fankie: ¿No me tocaba a mí?
Mickey: No, no, seguro.
Frankie: No discutamos por eso.
Fuck you!
Mickey: No, fuck, fuck you! Eh,…
just a moment! Ya no hay razón para que negociemos un precio por la dulce Mary
Anne.
Frankie: ¡Da igual! Fuck you!
Mickey: no! fuck you!
Siguen discutiendo mientras baja
lentamente el telón.
La balanza dice: vive
Por unas cosas o por otras, siempre acabo
posponiendo el momento de mi muerte. Mi esposa no hace más que repetírmelo: “Si
te vas a suicidar, hazlo de una vez y, si no, deja de dar la murga”. Tiene
razón desde luego, pero es que ella no puede comprender la seriedad del asunto. No
es tan sencillo pegarse un tiro, a pesar de que, visto desde fuera, pueda
parecer un gesto más, el último, de un alma desesperada. Ni siquiera, como en
mi caso, cuando ya has tomado la decisión irrevocable. Tras sopesar
cuidadosamente los pros y los contras de la terrible acción que vas a llevar a
cabo, siempre aparecen aquí y allá, flecos sueltos sin resolver, pequeños
detalles sin importancia que, de pronto, inclinan la balanza hacia uno u otro
lado. Es en esos minúsculos detalles donde se ocultan con frecuencia mis
“arrepentimientos” de última hora, como me gusta denominarlos.
Pondré un ejemplo reciente: hace tres días,
ya tenía todo dispuesto. El arma cargada y la puerta del despacho cerrada con
llave por dentro para evitar que mi hijito de tres años pudiera importunarme en
el transcurso de mi dramática acción. ¿Y qué ocurrió? Pues ocurrió,
sencillamente, que en el instante en que me llevaba la pistola a la sien, mi
mujer encendió la televisión y yo pude oír claramente a través de las paredes
cómo había repuntado el IBEX 35 gracias a la espectacular subida del precio de
las acciones de CORSO S.A. Un golpe de intuición que sólo cabe adjetivar como
divina, seguida de un rápido cálculo mental, me obligó a cambiar el revolver
por el auricular del teléfono. “¡Vende, vende!”, le grité a mi corredor de
bolsa”. “Jo, macho, te vas a forrar”, me respondió. Y así, por una minucia,
volví a retrasar el acto que me habría liberado para siempre de las miserias de
este mundo.
El primer caso de James Dragule
Tres días antes de
abandonar para siempre el cuerpo de la policía, recibí la visita de su marido.
El cornudo, un tipo enorme de dos metros de altura y complexión de atleta,
entró en mi despacho sin molestarse siquiera en llamar a la puerta.
- Necesito que siga a mi esposa. Estoy
seguro de que me la está dando con queso.
- Usted es policía –respondí displicente-.
No necesita un detective privado para eso.
- ¿Y cómo sabe que soy policía, señor Dragule?
Temí una trampa y
por mi vida. “Sabe que soy el amante de su mujer y me está probando el muy
cabrón”, pensé. Pero conseguí reaccionar:
- Huele a bofia a un kilómetro. Además no
pretenderá hacerme creer que el uniforme que lleva es de bombero.
- No puedo recurrir a los compañeros del
departamento. Sospecho de algunos de ellos. ¿Sabe? Ella también es policía.
“Algunos de ellos –sonreí para mis adentros-. Vaya putón verbenero”
- De acuerdo. Me encargaré del asunto. Pero
necesitaré algunas fotografías.
- Aquí tiene una –me la tendió orgulloso-.
Es del día de mi graduación.
- Ajá, no está mal para empezar. Pero
también precisaré algunas de su esposa.
Resultó fácil
hallar un chivo expiatorio entre los promiscuos miembros del cuerpo de la
policía. Lo eché a suertes y le tocó la china al inspector Romerales, el
iracundo jefe del marido despechado. Tres días después, el muy bruto se llevó a
los dos por delante. Minutos antes de matarla, disfruté del cuerpo de la
policía por última vez. Desde el interior del armario, oí la primera detonación.
-
¿Qué hace usted ahí dentro?
- Estaba siguiendo a su esposa, ¿recuerda?
- ¿Desnudo?
- No quería levantar sospechas.
Me miró
convencido. Luego, se llevó el arma a la sien y oí la segunda detonación.
Ángulo oscuro
Con la detención esta madrugada, del poeta
laureado Apolonio Uránida en la Terminal T-4
del aeropuerto de Madrid-Barajas, la policía poética, dependiente del Ministerio
de Cultura, educación y deporte, ha puesto fin a la operación “Ángulo Oscuro”,
iniciada hace un año y que se ha saldado con más de trescientos poetas
detenidos y un alijo de más de cincuenta mil poemas en verso libre, treinta mil
sonetos, veintidós mil quinientas décimas espinelas y una cantidad aún por
determinar de serventesios, quintillas, pareados, octavas reales y estrofas de
carácter foráneo, como haiku y regas. Al parecer, los delincuentes colocaban
sus versos en paraísos poéticos, como Hungría, México y Japón, a través de una
red internacional perfectamente organizada. “Se trata del golpe más duro
asestado hasta el momento a las mafias poéticas”, aseguró esta mañana en rueda
de prensa el principal responsable de la operación policial, don Gurmesindo
Alcatraz. Los detenidos han sido puestos a disposición judicial, acusados de
tráfico de armas cargadas de futuro.
Como recordarán nuestros lectores, Apolonio
Uránida, ya fue acusado hace cuatro años de dopaje poético y estuvo a punto de
perder su corona de laurel, al descubrirse trazas de productos tóxicos, como Maripepa éxtasis poético, en la composición de algunos de sus versos, pero el caso
fue sobreseído por falta de pruebas periciales.
En la imagen, Octavio Fernández Zotes, uno de los líderes de la banda poética,
que continúa en paradero desconocido y un soplón llamandopor el móvil.
(fotografía de Amado Gómez Ugarte)
(fotografía de Amado Gómez Ugarte)
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En el número uno, correspondiente al mes de junio, podrá leer el por qué de la manía de algunos matemáticos por seguir intentando demostrar la conjetura de Goldbach.
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http://cosmogonical.blogspot.com.es/2013/06/neutrinos-al-graten.html
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(http://cosmogonical.blogspot.com.es/2013/06/la-nada-la-simetria-y-la-entropia.html)
y, en la sección de breves, noticias de última hora.
http://cosmogonical.blogspot.com.es/2013/06/breves.html
Léalo antes de que se agote. Con la garantía de Ediciones JANIAL
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En el número uno, correspondiente al mes de junio, podrá leer el por qué de la manía de algunos matemáticos por seguir intentando demostrar la conjetura de Goldbach.
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