Un monumento a su impresionante envergadura, que embelleció
durante muchos años la plaza de su pueblo natal, fue bestialmente destruido
durante una de las trifulcas iconoclastas entre borrachos del siglo XIX. Sólo
un fragmento, glande eso sí, que sobrevivió a la barbarie del bulbo, se puede
contemplar todavía hoy en el Museo Cantanal, para estupro de los visitantes.
De entre su basta labor, citaremos solamente tres obras: “Escrotos
seminales”, obra inmadura de juventud, aunque apuntando ya sus maneras
adulterinas del idioma español (de ahí proviene el ya habitual entre nosotros empleo de la conjunción copulativa 'Y', en expresiones del tipo 'punto y final'), “Corrimientos léxico semánticos”, del que entresacamos esta frase,
definitoria de su estilo y buen hacer ya en la plenitud de sus facultades:
‘Tengo dos primos gemelos de un mismo padre pero
diferentes madres. El mayor, Juan, adolece de una salud envidiable, pero el
menor, desde que tenía cero años, ha gozado siempre de una rara enfermedad
congestual y desde siempre ha mostrado un rostro lívido, como una pared
revocada con cal’.
y su, todavía hoy insuperable “Teoría de seménica general”, en cinco volúmenes bellamente
ilustrados por su amigo el pintor rijolense Masturbilio Collantes, oriundo de
Onán de la frontera.