Examen
Partiendo de la siguiente tabla de unidades de medida para obras de ficción en prosa:
Teranarración="En busca del tiempo perdido"
Giganarración="El hombre sin atributos"
Meganarración="Guerra y paz"
Kilonarración="Ulises"
Narración="El hereje"
Milinarración="La metamorfosis"
Micronarración="Un descenso al Maelström"
Nanonarración="El sur"
Piconarración="El dinosaurio"
Se cuestiona:
1º La trilogía 'Milenium' es:
a.- Una Giga narración
b.- Una narración
c.- Un cuento de hadas disfrazado de buenas intenciones
2º Ken Follet es:
a.- Un giga narrador
b.- Un nano narrador
c.- Un cantante con encanto personal
3º ¿Cuánto mide la narración "Historias de cronopios y de famas"?
a.- 3,4 kilonarraciones
b.- No es una narración. Es un anillo matemático
c.- 1,7 milinarraciones
4º Sólo si opta a matrícula de honor: defina en un máximo de tres lineas (sans serif doce) qué entiende por la expresión "tocho infumable". Justifique su respuesta con cualquier ejemplo que se le ocurra.
Licto adictos anónimos
- Hola, me llamo Jaime Lagarde y soy
licto adicto
- ¡¡¡Hola, Jaime Lagarde!!!
- Muy bien, Jaime. ¿Quieres contarnos
algo?
- Bueno,… sí…
- Estás entre amigos
- Gracias. La verdad es que no sé por
donde empezar. Estoy un poco nervioso y…
- Lo mismo que yo, lo mismo que yo.
- Espera tu turno Luís. Sigue, Jaime.
- Pues,… ehhh…, no sé… eh,… llevo tres
meses, cinco días, siete horas, veinticuatro minutos y treinta y… tres segundos
sin probar la lectura (aplausos)
- Muy bien, Jaime, sigue…
- Lo mismo que yo, lo mism…
- ¡¡Luís!!
- Perdón
- Continúa, Jaime.
- No sé qué más decir. Es la primera
vez que hablo en público y… bueno, sí, el otro día me acatarré y fui al médico
(risas). Me mandó un antibiótico y…
- ¡ohhh!
- No, no era nada grave
- ¡Ahhh!
- Sólo que estuve a punto de leer el
prospecto y…
- ¿Ehhh?
- Afortunadamente, mi esposa lo hizo
por mí. Ni siquiera quise ver el nombre del producto.
- Bien, muy bien Jaime. Así es como se
empieza. ¿Nos cuentas algo más?
- No sé. ¿Cómo qué?
- Por ejemplo, ¿qué sentiste ante las
letras del prospecto?
- … Pues… ansiedad. Noté como que me
faltaba la respiración. Creo que aún estoy con el simio.
- Lo mismo que yo, lo…
- Luís, por favor…
- Vale, me callo.
- Eso es normal, Jaime. De hecho, y
aquí todos lo sabemos, el simio, tal como lo llamas, no se acaba nunca del
todo. Lo importante es resistir. Por eso estamos aquí, para ayudarnos los unos
a los otros a superarlo día a día, aconsejando según nuestra humilde
experiencia personal de cada uno y cada cual. ¿Te has deshacido ya de tus
libros?
- Sí, me he deshacido de todos. No ay
ni uno en casa lla.
- Lo mesmo que… Perdón.
- ¿Y cómo te sientes?
- Pos algostraño, la verdad. Liberao y
uérfano a la vez. Mu raro.
-Bas por buen camino. ¿Y tacuerdas del
día en que te distes cuenta dequestabas enganchao a la lectura?
- Ahora sí, pero me costó musho darme
cuenta caval del día xacto. Fue cuando me tiré to el puto dia pa leer de un
tirón el Ulises del Joyce ese. Aí fue cuando me dije, dije, “Jaime: estás jodio
y eres un lictoadicto”. Y me bine pacá.
- Bueno, Luís, ¿y tu qué, lo mehsmo?
- ¡Quía, que va señoita! Lo mío fue
pior entoavia. Pos ná, que me puse a leer “El hombre sin cojoneh”, o argo ansí,
de un tal Muzil y que, mira, que me entra un dolor de cabeza que me empieza a
subir por el colodrillo que digo, digo: que tengo que ir pal licto anónimo ese
y paquí quehtoi.
- Mu bien Lui. Mu sincerote. ¿Algún
comentario máh o lo dejamos pa la semana que biene?
- Señoita Espe, señoita Espe…
- ¿Qué quiés tu ahora, Maite?
- Eg questá la feria del libro de
Madrí. ¿Podemos ir?
- ¡Ni hartos de griffa!
- ¡Jo!
- Pos venga, va, punto y finá.
El bosón de Higgs
Fuentes cercanas al
CERN han confirmado esta madrugada a nuestra redacción, la detención del bosón
de Higgs, más conocido como ‘La partícula de Dios’, cuando pretendía huir a
través de un mini agujero negro del Gran Colisionador de Hadrones, en la
frontera franco-suiza. El Bosón de Higgs está acusado, entre otros delitos, de
ser el máximo responsable de la creación de una amplia red de bosontraficantes,
llamada El Campo de Higgs, dedicada, principalmente, a poner en cuestión, e
incluso contravenir, las leyes de la gravedad cuántica. “Llevaba meses
acorralado dentro del LHC –informa uno de los máximos responsables del CERN-
pero, por más que estrechábamos el cerco en torno a él, siempre se nos escurría
de entre las manos como una anguila,… hasta hoy”. Los investigadores disponen
de sólo setenta y dos horas antes de ponerlo a disposición judicial. “Es poco
tiempo -asegura el mismo responsable- para sacarle toda la información que
necesitamos, pero –añadió enigmático- disponemos de métodos muy persuasivos”.
El gabinete de
abogados ‘Gluón Rojo e hijos’ ha decidido hacerse cargo de la defensa del
encausado, mientras algunos fermiones –quarks azules sobre todo, y algunos
leptones- se presentarán, a título personal, como acusación particular.
Por su parte, la
asociación ‘Hadrones por la democracia’, ha interpuesto una demanda ante el
juzgado de lo social, por daños y perjuicios ocasionados a algunos de sus
miembros a los que, asegura, se obligó a dar vueltas y más vueltas y golpearse
unos a otros en dicho colisionador y a velocidades que quitaban la respiración,
en busca del Bosón de Higgs. “Son daños colaterales. Siempre los hay”, nos dice
el máximo responsable del CERN. Aunque El Vaticano, por el momento, guarda un
prudente silencio, algunas fuentes cercanas a Su Santidad el Papa, han
asegurado desconocer “ tanto el Bosón de Higgs, como la
partícula de Dios –y añaden- ¿qué tonterías son esas?”.
El libro interactivo
Cuando acabe de leer este libro, moriremos los dos. Mi
mujer dice que exagero, que nadie se muere de aburrimiento. La culpa de que se
exprese en esos términos es toda mía. Comentarios del tipo “vaya tocho”, por
ejemplo, o “que tedioso es esto”, han podido influir en su apreciación. Mi
intención era evitar que también ella cayese en las garras del mamotreto. Ya
desde el principio el texto capturó mi atención con sus ambiguas metáforas y
sutiles alusiones a lo que se avecina y, por supuesto, sigo leyendo con
creciente interés los avatares que se van sucediendo a la espeluznante
velocidad de la luz, dicho sea de paso y sin exagerar un ápice. Por si fuera
poco, la obra permite, además, una lectura sesgada, con posibilidad de saltar a
alguna página posterior, inclusive a la última, sin que por ello se pueda dar
el libro por finalizado. Esta libertad de movimientos es, por otro lado,
engañosa, es como miel en los labios, pero miel mezclada con arsénico. Antes o
después hay que volver a la página desde la que salté para seguir leyendo en
continuidad. Esa es su trampa. Ahora ya nada me parece igual que cuando empecé
la lectura y me planteo la cuestión de releer algunos párrafos anteriores para
ver donde he perdido el hilo de la trama. Echo un vistazo y las páginas
anteriores han desaparecido, se han volatilizado, por decirlo metafóricamente.
Físicamente siguen ahí, por supuesto, pero han enmudecido, ya no dicen nada. Lo
que pretendo señalar es que una relectura de la obra resulta absolutamente imposible.
Pero hay más. Cuando, en mi avance lineal, llamémoslo así, arribo a una de las
páginas a las que en su momento salté alegremente, observo un fenómeno similar.
Las páginas ya leídas, sea hacia delante o por detrás, pierden todo su valor y
ahora sé que la obra ya no tendrá el final esperado si es que, por ejemplo,
había ido hasta él en algún momento anterior. Pero eso, lejos de constituir un
consuelo, me sumerge en la perplejidad y la angustia de lo incierto. Y este
nuevo estado de ánimo, en vez de ayudarme a pausar la lectura, a tomármela con
calma, más aún sabiendo lo que me espera, me obliga a una carrera contra reloj.
Y así uno tras otro van cayendo como hojas muertas todos los finales viables y
voy olvidando los comienzos inexorablemente. Cualquier comienzo creído. Sí,
moriremos los dos: el libro y yo. Y lo peor es que nadie, ni mi mujer siquiera,
se darán cuenta cabal de lo sucedido. Seguiré haciendo como que leo mientras
vaya pasando la páginas vacías, como que respiro profundamente cada vez que uno
de esos párrafos que ya no existe, aunque siga estando allí, me haga volver a
meditar mientras me quito las gafas de leer con gesto displicente y cansino,
como que sigo intentando comprenderlo cuando sé que no hay nada que
comprender en este estar definitivamente en el más allá.
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