Feliz Navidad y un año 2013 sin sobresaltos ni deshaucios, os desean JAimeNIeves y ALejandra.

Hola y adiós


“…habían sentido en todos los puntos de fragilidad del mundo la amenaza del insensato; la habían temido e invocado bajo la tenue superficie de las apariencias; habían rondado sus atardeceres y sus noches, le habían atribuido todos los bestiarios y todos los Apocalipsis de su imaginación.”
Michel Foucault (‘Historia de la locura en la época clásica’)


Todo empieza una noche sin risas ni lamentos.
Desolado surge el solitario de su nada.
En un paraje yermo, siniestro y nocturnal,
apenas salpicado de arbustos deslucidos:
Asfódelo y retama y encinas calcinadas,
vislumbra él un mañana que nunca llegará.
Más acá del serpentino cordón umbilical.
Más acá de una noche de sexo apasionado;
Más acá del estricto jardín de las especies.
Más acá del desgarro, la nausea o el horror,
Él sueña que le esperas ansiosa y fraticida.


Todo acaba una noche de risas sin lamentos.
Entre amigos se encuentra brindando por aquellos
que se marcharon lejos y nunca tornarán.
Y sin embargo él sabe, qué bien que se lo sabe,
que ya no habrá más risas, ni llanto ni lamento.
Sobre su mapa traza, pausado y mortecino,
la ruta de su viaje y el punto de destino
-una huida de forzadas marchas sin sentido-:
más allá del inhóspito reino del silencio;
más allá de las gélidas aguas del olvido
en las que ha de bañarse solitario y desnudo;
más allá del insalvable abismo de la muerte,
y así no soñar más que le esperas todavía
Agazapada en la sombra de sus desvaríos.

¿Y en medio qué le queda? En medio nunca nada.




Ilustración gentileza de Camelia Davidescu

Viejecitos moribundos

   La historia empieza con un hombre ya muy mayorcito –de hecho se está muriendo de viejo aunque él no lo sabe, ni quiere saberlo- que se pasa todo el santo día pensando en como reunir el dinero que le permita volver al hogar y compartir con sus seres queridos los últimos años –tan optimista es, el pobre- de su vida. Cree recordar vagamente, aunque no está muy seguro, que, además de su difunta esposa y tres hijos legítimos, mantuvo relaciones, algunas muy sentidas, con gran número de mujeres –no todas prostitutas, ni mucho menos- y que más de tres y de cuatro le dieron vástagos que en su momento no llegó a conocer y le gustaría, al pobre, remunerárselo de alguna manera, incluso, ¿por qué no?, saber de sus vidas. Pero todo esto como en neblina, sin una idea clara ni con que jovencitas se lo hizo –que ya el mismo reconoce ahora que no lo serían tantas - ni de cuantos niños y niñas tendrá que hacerse cargo, sin olvidar, por supuesto, a los ‘legales’. A veces se los imagina a todos reunidos en el salón comedor, alrededor de la inmensa mesa de madera de caoba –cree recordar, aunque tal vez fuera de roble-, y no sólo a sus hijos y amantes –su esposa no podrá estar presente, ¡pobrecita, tan joven!- sino, también a su propio hermano y a su cuñada y a sus sobrinitos que ya estarán hechos unos mozos. El principal problema estriba en que, cada vez que está ya a punto de afinar el tipo de negocio que le va a hacer rico de nuevo y poder así subvenir a las necesidades de todos, le entra la llorera, por la emoción del estar a punto de dar con la clave, y la enfermera llega y le clava la inyección de morfina. Y él se pone a soñar con otras cosas. Por ejemplo, en cómo mató a su joven esposa, embarazada de un primogénito que no llegó a nacer, de un hachazo en mitad de la cabeza mientras le gritaba “puta asquerosa” porque el pobrecito estaba convencido que se la daba con queso –lo cual, aunque hubiera sido cierto, “que no lo era –se convence a sí mismo- que no lo era. ¿Con quién me la iba a jugar la pobrecita?”, fue una burrada por su parte- y cómo en la cárcel algunos reclusos se hicieron muy amigos suyos porque se había comportado como un hombre y eso lo sueña sonriendo como un angelito. Por la morfina, sin duda. A la enfermera le da mucha pena este hombre tan mayorcito, con esos proyectos, el pobre, de volver al hogar y reunir a todos a su alrededor –excepto a su joven pobrecita esposa- y por eso solo le suministra la dosis cuando el anciano se pone a llorar. Porque sabe que nunca va a poder reunir ningún dinero y que, si sigue elucubrando sobre ello se va a dar cuenta al final y va a sufrir. Si lo sabrá ella que fue quien avisó a sus compañeros de los servicios sociales cuando se lo encontró un día, hace ya tres años, en la calle, mugroso, indocumentado, con un navajazo en el intercostal derecho y sin un euro en el bolsillo. “¡Qué pena hacerse viejo!”, piensa para sí la enfermera samaritana, “¡y pensar que a todos nos tiene que llegar!”. Bueno, excepto a la pobrecita joven esposa que murió de los disgustos que debió darle el pobre viejecito rijoso. “Si hubiera sido un poco menos celosa. Es que las mujeres no aguantamos nada”.

   Después viene el otro. El abuelito, del que todos coinciden en decir que es un tierno cascarrabias entrañable, se sienta, siempre que celebra una fiesta familiar, a la cabecera de la inmensa mesa de madera –que sea de roble o de caoba da igual- que da alimento a todos. Con la inestimable ayuda de sus tres nueras y un par de viejas que, en su tiempo fueron las amantes preferidas del venerable anciano y que apenas sirven ya ni para fregar los platos, la abuela, que tampoco está para muchos trotes, prepara la cena familiar. Luego el abuelito bendice la mesa y ¡al ataque!, porque ya se sabe que oveja que bala, bocado que pierde. Los nietos, por compromiso tácito, son los encargados de preparar el café y traer las copas de licor, aunque los bastardos, a veces, no están muy por la labor y se escaquean. Es porque las dos brujas de sus abuelas, les han hecho creer que aprovechen ahora porque no van a pillar ni un euro de la herencia. Muchas veces el abuelito se queda dormido tras el segundo brandy pero nadie se atreve a decirle que se vaya a la cama, porque, cuando le despiertan intempestivamente saca a relucir un mal genio que para qué. La situación es un poco triste, porque el abuelito se pone a llorar en sueños y a llamar en voz alta a su hermano gemelo, ese que todos saben que mató a su propia esposa de un hachazo en mitad de la cabeza. La abuelita le mira enternecida y, también ella, aunque en estado de completa vigilia, suelta una lagrimita. Las dos viejas brujas, las ex amantes del abuelito, recogen los platos murmurando entre ellas y riendo por lo bajo. “Menos mal que no nos tocó la china a ninguna de nosotras dos”.
   Y es que las dos viejas brujas, que ni son tan viejas ni tan brujas como la abuela, se saben toda historia, lo mismo que la abuela –aunque ella lo supo más tarde- porque se la contó el propio abuelito borracho perdido, llorando y con la cara ensangrentada, nada más entrar en el prostíbulo en que trabajaban. “¡He matado a mi cuñada, joder, he matado a la puta de mi cuñada!” Ellas, al principio, pensaron que desbarraba. Pero la abuela siempre le creyó. De ella partió la estrategia. “Él se deshizo de su amante y yo del pusilánime de su hermano. ¿A quién iban a echar la culpa sino?”. Claro que, por aquella época, la abuela no sabía nada de las dos brujas chantajistas y creía sinceramente que su cuñada, esa mosquita muerta, se la daba con su maridito. Incluso estaba casi convencida que el niño que esperaba…
   Cada vez que el abuelito se despierta dispuesto a tomar su tercera copita y contar toda la verdad, la abuela ya ha retirado las botellas. Así que sonríe bobaliconamente y calla. Calla que mató a la puta de su cuñada de un hachazo en mitad de la cabeza no porque fuese una puta si no porque no quiso comportarse como tal. “No porque fuese mía, si no porque no quiso serlo”. Luego observa a las tres brujas, su esposa y las otras dos y a los hijos de las brujas y a los nietos de las brujas y se imagina a su hermano gemelo pudriéndose en sabe Dios donde, convencido de haber matado a su joven, pobrecita, esposa, de un hachazo en medio de la cabeza, embarazada como estaba, ya de seis meses, de su primer hijo. Y entonces sí, se levanta y sin ayuda de nadie, porque es muy orgulloso –todavía- se va a la cama después de hacer un pis.

El Verbo

 - Se me ha ocurrido una teoría, maestro bueno.
- Está bien, discípulo predilecto. Suéltala, pero date prisa que mi tiempo apremia.
- Verás, maestro bueno. Mi idea es que en el principio fue el Verbo...
- (¿hmmm?), sigue, discípulo predilecto.
- Pues la cosa es que el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
- Bien hurdido, discípulo predilecto. (¡Qué mancebo más pedante, Dios!) Sigue
 - Ya está, maestro bueno.
- Pero qué bueno ni bueno, ¿Cómo que ya está?
- Que se acabó. Que no hay más.
- ¡Vaya una teoría! Anda, hacércame la hogaza de pan y la jarra de vino que tengo que hacer mi penúltimo milagro.
- Es que tengo una duda, maestro bueno.
- (Ya me parecía a mí). Dispara.
- Es que no estoy seguro de si el Verbo del principio era transitivo o…
- Transitivo, y pásame la hogaza…
- Pues en tal caso…
- Intransitivo, Juanito, no le des más vueltas y pásame…
- ¡Puff! Es que, entonces…
- Reflexivo, leñes y pásame el pan y el vino de una vez.
- ¿Y copulativo?
- (Como empieze a repartir hostias…) Irregular defectivo, ¿Contento, discípulo predilecto?
- Ahora sí, maestro bueno.
- Pues hala, pásame de una bendita vez la hogaza de pan y la jarra de vino que con tanta preguntita llevamos media hora de retraso.

***

- Chsitt,… eh…, maestro bueno…
- ¿Qué farfullas ahora, discípulo predilecto?
- ¿No me puedes decir a mí solo quien es el traidor del grupo?
- ¿Y a ti que más te da?
- Curiosidad solamente, maestro bueno. Es que, como soy tu discípulo predilecto…yo pensé que…
- (Qué pesadito es el niño) Está bien, discípulo predilecto, te lo haré saber. Aquel a quien diere pan mojado en vino, ese es el traidor. Observa.
- Vale, maestro bueno, estoy al loro.
- ¡Judas, ven acá. Toma pan y moja y haz lo que tengas que hacer.
- ¿Es Judas, maestro bueno?
- Pero, ¿tu eres tonto o qué, discípulo predilecto? ¿Es que no lo has visto?
- Sí, sí, vale, vale. Ya me callo.
- A ver si es verdad. Bueno, va, acercaos todos… ¡Mateooo…!
- Voy, voy, maestro bueno. Es que estaba cuadrando unas cuentas…
- A ver como os lo digo,… ehhh… ¡ah!, ¡sí! Pedro, dame un cuchillo para cortar el pan. O mejor no. A mano, que es más dramático… Este es mi… 

***

- ¿Han cenado bien los señores?
- Bien, bien. El cordero pascual demasiado poco hecho, pero bien.
- Es que una cena para trece y en tan poco tiempo…
- No, no, estuvo bien, de veras. 
- Me alegro por los señores. ¿Les traigo la cuenta ya?
- ¿Qué cuenta?
- Ehhhh…
- ¿Qué no le ha pagado Iscariote?
- ¿Quién?
- (Este me la ha vuelto a jugar). ¡Mateooo…!
- Estoy aquí, maestro bueno.
- Mira a ver si le puedes hacer a este noble empresario una rebaja de sus impuestos y compensamos la cena.
- ¡Ah!, pero si está a quí Don Mateo. Nada, nada, invita la casa, señores. Faltaba más.
- Bueno, pues hala, todos para el huerto de Getsemaní, que se me hace tarde para ir donde mi padre. Y tu, Pedro, no te olvides de los cantos del gallo.
- Tres cantos y dos renuncios, sí.
- ¡Es que tengo que estar en todo, jopé!. Dos cantos y tres renuncios, leñe.
- El orden de factores…
- Orden de factores el que te voy a dar yo a ti.
- ¿Y lo de las llaves, maestro? Es que se me ha olvidado…
- Con razón te llamo piedra. Lo que cierres abajo se queda cerrado arriba y lo que abras aquí, se abre alli.
- Ah, vale, vale, sí.
- Pues vámonos de una vez y que sea lo que mi Padre quiera.



Una partida metahistórica


Marx: rey, sota, cuatro, seis. Tu repartes, Chus.
El Saitan: ¿los treses valen como reyes?
Jesús: ¡Hombre claro!
Mingote: y los doses, ases.
Marx: ¿la treinta y una real?
Mingote: con la puta de oros.
Jesús: ¿a seis o a ocho amarracos?
El Saitán: ni pa ti ni pa mi. A siete. ¿Quién sale?
Jesús: he repartido yo, así que tu verás.
El Saitán: mus
Mingote: mus
Marx: mus
Jesús: al enemigo ni ni vino
El Saitán: querrás decir ni agua
Jesús: yo sé lo que me digo. Habla.
El Saitán: mal empezamos. Paso
Mingote: y yo
Marx: ¡pues anda que yo!
Jesús: envido de postre
El Saitán: un envite es un querite. Paso a la chica
Mingote: venga
Marx: hale
Jesús: se fue la chica
El Saitan: pares
Mingote: llevo
Marx: ni pa dios
Jesús: Pa dios, sí. Llevo
El Saitán: paso
Mingote: envido
El Saitán: para ti los pares
Mingote: una de porque no.
El Saitán: llevo
Mingote: no
Marx: no hice juego
Jesús: para mi desgracia.
El Saitán: envido
Jesús: treinta y siete nunca pierde ¡órdago!
El Saitán:¡joder!
Jesús: más quisieras
Marx: ¿qué llevas?
El Saitán: no puedo querer
Marx: pero, ¿qué llevas?
El Saitán: treinta y tres, coño.
Mingote: se pasó el tiempo. Dos piedras.  A ver las cartas… dos de grande y chica en pase, tres,…
El Saitán: se llevan hasta a la chica en pase
Marx: para que veas
Mingote: y mis medias, cinco y pares seis y juego de mi compi, ocho.
El Saitán: ¡que huevazos!, si tu también llevabas treinta y tres.
Jesús: mi número de la suerte.
Mingote: con las dos de antes, diez. Dos amarracos pallá. Y soy mano… Mus.
Marx: mus
Jesús: mus
El Saitán: ni mus ni hostias.
Jesús: ya vuelve la burra al trigo.
Mingote: paso
Marx: paso
Jesús: al tran tran
El Saitán: adiós
Mingote: paso
Marx: y yo
Jesús: que corra
El Saitán: se fue
Mingote: no hice pares
Marx: ni sé lo que son
Jesús: no
El Saitán: Pero ¿Quién ha cortao esto? Je, je. No llevo.
Mingote: Sí jugué
Marx: cero patatero
Jesús: no llego a treinta.
El Saitán: sí jugué.
Mingote: ordago a tu juego.
Marx: le he visto la se…
El Saitán: ¡Quiero, me cago en Dios!
Marx:…ñal de treinta y uno.
El Saitán: vaya corte de mierda.
Jesús: por cagarte en mi papá, uno a cero.
Mingote: y Zamora de portero. Trae esas cartas para acá, que ahora reparto yo.
Marx: envido, envido y, si hay pares, cinco.
Jesús: a la grande envido más. Pares, no
Mingote: Tres más a la chica. A pares, que sean las dos manos de un bebé.
Marx: llevaros nueve. Juego sí.
Jesús: sí
El Saitán: no llego
Mingote: llevo.
Marx: cinco
Mingote: más veinticinco, por el culo te la hinco.
Marx: treinta y una
Mingote: la real.
Jesús: dos a cero
Marx: los naipes son el opio del pueblo.
Jesús: reparte y calla que soy mano yo.
El Saitán: a ver que cartas me das, que nos están crucificando.
Jesús: alguna vez tenía que tocarle a otros. Cinco a grande.
Marx: tu madre será una santa… Venga, quiero.
Jesús: se me ha vuelto la chica.
El Saitán: jugador de chica, perdedor de mus..
Jesús: llévate una, Antonio, que no quieren.
Mingote: una de porque no.
Jesús: llevo pares
El Saitán: ¡Cómo no!
Mingote: llevo
Marx: y yo.
Jesús: pues envido.
El Saitán: no me achico.
Marx: ni yo. Envido más.
Jesús: la rayita.
Marx: ¿les has visto duples?
El Saitán: yo ne he visto nada.
Jesús: Como siempre. Bueno, ¿qué?
El Saitán: yo no puedo querer.
Marx: pues anda que yo.
Mingote: cuatro piedras que con una hacen amarraco. Para allá.
Jesús: espera que cuente, así que son… llevo juego
El Saitán: faltaría plus
Mingote: nasti de plasti
Marx: muy bueno.
Jesús: pues paso
El Saitán: hasta mi compañero
Mingote: pero si ya he dicho que no llevo. No se saben ni el catón.
Marx: te voy a echar diez, así como quien no quiere la cosa.
Jesús: que con diez más, hacen veinte
Marx: y con cinco más, veinticinco.
Jesús: Por el cu…, me voy a callar, porque soy el que soy. Van veintieso. A ver las cartas. Si no es por la sota, el solomillo.
El Saitán: pero si llevabas treinta y tres
Marx: por si se achicaba.
El Saitán: ¿Pero como se iba a achicar habiendo cortado de mano?
Marx: Bueno, va, solo es un juego, leñes.
Mingote: cinco a grande y veinticinco a juego, son treinta, más el amarraco… tres a cero. ¿Qué nos jugábamos?
Marx: la consumación sólo.
Mingote: pues a mi un Chivas diez.
Jesús: un dry martini. Agitado, no revuelto
Mingote: ahí te he visto suelto, Chusbbond.
El Saitán: me tomaré un curasao para pasar el mal trago
Marx: que sean dos, pero el mío, pasadito. Je, je.




Rosbuz


- Citizane Kane
- Si, tío. Qué peliculón y ademas que cuadra en verso
- Joer, es verdad, tío. Buah y como empieza, buah, es acojonante.
- Sí, tío, el tío va y se está muriendo y dice Rosbuz y se le cae la bola de nieve y plasss y se rompe y va y entra la enfermera y se la ve ¡por el reflejo en la bola, tío! y ya sabemos que el tío se ha muerto.
- Sí, tío, y luego la policía que empieza a investigar que es el rosbuz ese y se tiran toda la película hasta que lo averiguan y…
- Sí, tío, pero no era la pasma, eran plumillas. ¿No viste que el tío era periodista?
- Pues no me acuerdo. Pero será verdad, tío. Pero, buah, y cómo cada personaje lo ve de manera distinta, buah, tío, acojonante.
-Sí, tío y lo de la mujer, como se van separando en la mesa cada vez más hasta que le pilla con la otra y lo deja tirao
- No, tío, es él, que se queda con la cantante
- Ah, sí, tío. Joer, como te acuerdas de todo, tío
- Joer, tío, no es eso, es que la he visto muchas veces. Y luego la otra que se queda el tío él solo aplaudiéndola y se apagan todas las luces del teatro y él sigue aplaudiendo…
- Sí, tío y de pronto está ella que se ha metido un frasco de somniferos y aparece él al fondo y se lanza a salvarla. ¡Qué planazo, tío! Buah, ¿y cuando se pone a romperlo todo? es la hostia, tío.
- Joer, tío, como te acuerdas… Ah, sí, sí, es verdad, tío, que rompe todos los muebles de la habitación y luego coge la bola de cristal y se va
- Y aparece reflejao el tío en todos los espejos, ¡qué escenón, tío!
- ¿Y el final, tío! ¡Qué pasada! Que se le ponen a quemar todo lo que no vale para nada y le queman el rosbuz
- Sí, tío, que el rosbuz es el trineo de cuando era niño, ¿no?
- Sí, tío, con el que pega al tutor del banco
- ¡Que se joda el tutor!
- Sí, tío. Yo lo que no entendí es por qué sabe la pasma que su última palabra fue rosbuz
- ¡Joer, tío, ahora que lo dices, es verdad! Porque la enfermera entra después, ¿no?
- Pues vela otra vez, tío
- Pues sí, tío, a ver si lo pillo… Bueno, ¿qué? ¿Nos hacemos otro?
- Venga, sí, tío, que hoy estamos sembraos.

Making off: Casablanca


Dramatis personae
Michael Curtiz, director.
Ingrid Bergman, actriz rubia ma non troppo.
Dooley Wilson, actor de carácter (negro).
Hal B. Wallis, productor.
Humphrey Bogart, actor con carácter.
Un enlace sindical.

- Un poco más,… expresiva. La mirada casi ausente, hacia un pasado lejano que intuyes que vas a poder recuperar gracias a la magia de la música. ¿Entiendes?
- Creo que sí, señor Curtiz.
- Bien, repetimos, ¡todos a sus marcas…!

- Tócala otra vez, Sam.
- ¡y cooorten!... Ingrid, cariño…
- ¿sí, señor Curtiz?
- Has estado magnífica, magnífica, pero,…
- ¿Pero?
- ¿Pero, serías tan amable de ceñirte un poco más al guión?
- ¿he hecho algo mal?
- No, no, bien, todo bien, excepto la frase. No es ‘tócala otra vez, Sam’. Es sólo “Tócala, Sam”.
- O.K.

-Tócala de nuevo, Sam.
- ¡y cooorten! Ejem, Ingrid, cariño. Verás… ni ‘otra vez’ ni ‘de nuevo’ ni ‘una vez más’… “Tócala Sam”, sencillamente.
- O.K, O.K., lo siento.
- No pasa nada.

- Tócala, Sam, sencillamente.
- ¡Corten, corten, corten!,… Tal vez un descanso…
- No, no. Estoy bien, de veras ¿Qué he dicho mal ahora?
- Nada, nada. La culpa ha sido toda mía con la apostilla del “sencillamente”. No digas más que esto: “Tócala, Sam”.
- O.K, O.K, es que pensé que…
- No pienses, cariño. “Tócala, Sam”.
- (que manía le ha entrado a este hombre con lo de cariño). Tócala, Sam, tócala, Sam, tócala, Sam…
- ¿Estás lista?
- Tócala, Sam, tócala, Sam, tó… sí, sí, estoy lista.
- Vamos allá. Todos a sus marcas, repetimos desde el principio.

- Tócamela, Sam…uy, perdón.
- (¿?). Coorten.
- Lo siento señor Curtiz, lo siento de veras. No sé en que estaba pensando.
- (yo sí) Bah, tranquila, ya me voy acostumbrando.

- … toma cinco mil trescientos doce.
- Tócala, Sam.
- no pueo, señoita Escahlata, el señoito Rick…
- ¡y cooorten! ¿Escahlata? ¿Quién coño es Escahlata?
- Pues la señoita O’Har… Ay, señoito Curtis, que me creo que me he equivocao de pilícula.
- Está bien, está bien, Dooley. Repetimos, -pero ni un error más, que tu no eres Ingrid-. Todos a sus marcas… uuuna vez más…

- Tócala, Sam.
- O’l, man river…
- ¡¡Corten!! ¡Se acabó, se acabó! ¿Dónde se ha metido el productor? ¡Hal, Hal…!
- Estoy aquí, Michael, entre bastidores…
- Paramos el rodaje por hoy. Para mañana me traes a Duke. Dooley está despedido.
- Si Dooley se va, yo me voy.
- Pero Humphrey, ¿es que no entiendes…?
- Si Dooley se va, yo me voy. No tengo más que decir.
- No puedes Humphrey, tienes un contrato y…
- ¿Quieres apostar?
- Señores, señores, no perdamos los papeles. Venga, va, Michael, pelillos a la mar.
- ¡Arggg… De acuerdo, todos a sus marc…
- Y pídele perdón
- ¿¡Queeé!?
- Pídele perdón a Dooley o rescindo el contrato.
- ¡Por Dios, Michael, haz lo que te dice Boggey, y acabemos de una vez por hoy!
- Está bien, está bien. Perdóname Dooley, no quise ofenderte. Es que tengo un pronto…
- Oh, claro que le perdono, si ni siquiera me ha ofendido, señoito Curtis (por la cuenta que me trae).
- Está bien. Volvemos a las marcas (vaya churro de película que está saliendo). ¡Motor! ¡Cámara! (crucemos lo dedos) ¡¡Acción!!
- Se acabó
- ¿Cómo que se acabó?
- Que se acabó la bobina, señor Curtiz.
- ¡Media hora de descanso!
- En tal caso, me temo que hasta mañana, nada.
- ¿Cómo dice?
- Que dentro de quince minutos acaba nuestra jornada laboral, así que usted mismo.
- Y usted ¿Quién coño es?
- El enlace sindical de los electricistas.
- Argggg… Está bien. Todos a casa. Mañana a las siete aquí todo el mundo (¿Quién me mandaría venir a Casablanca, con lo bien que estaba en Dodge city?).

Heptasílabos para una despedida (Manzano)


Ayer murió el manzano
del huerto de Vecilla.
Aún está caliente
su tronco ennegrecido.
Si aplicas el oído,
te llega, como un eco,
su último suspiro.

Ayer murió el manzano
del huerto de la abuela.
A coro, las hermanas,
las hijas de la hija,
las hijas de María,
recuerdan con nostalgia,
sus tiempos de esplendor:
las flores blanco nieve,
la piel, verde doncella,
del fruto generoso,
su tacto y su sabor.

Ayer murió el manzano
del huerto de Vecilla.
Un pájaro de paso
se posa en la alta rama.
Un último homenaje,
un gesto y un adiós.


Fotografía: Janial

Examen


Partiendo de la siguiente tabla de unidades de medida para obras de ficción en prosa:

Teranarración="En busca del tiempo perdido"
Giganarración="El hombre sin atributos"
Meganarración="Guerra y paz"
Kilonarración="Ulises"
Narración="El hereje"
Milinarración="La metamorfosis"
Micronarración="Un descenso al Maelström"
Nanonarración="El sur"
Piconarración="El dinosaurio"

Se cuestiona:

1º La trilogía 'Milenium' es:
    a.- Una Giga narración
    b.- Una narración
    c.- Un cuento de hadas disfrazado de buenas intenciones

2º Ken Follet es:
    a.- Un giga narrador
    b.- Un nano narrador
    c.- Un cantante con encanto personal

3º ¿Cuánto mide la narración "Historias de cronopios y de famas"?
    a.- 3,4 kilonarraciones
    b.- No es una narración. Es un anillo matemático
    c.- 1,7 milinarraciones

4º Sólo si opta a matrícula de honor: defina en un máximo de tres lineas (sans serif doce) qué entiende por la expresión "tocho infumable". Justifique su respuesta con cualquier ejemplo que se le ocurra.

Licto adictos anónimos


- Hola, me llamo Jaime Lagarde y soy licto adicto
- ¡¡¡Hola, Jaime Lagarde!!!
- Muy bien, Jaime. ¿Quieres contarnos algo?
- Bueno,… sí…
- Estás entre amigos
- Gracias. La verdad es que no sé por donde empezar. Estoy un poco nervioso y…
- Lo mismo que yo, lo mismo que yo.
- Espera tu turno Luís. Sigue, Jaime.
- Pues,… ehhh…, no sé… eh,… llevo tres meses, cinco días, siete horas, veinticuatro minutos y treinta y… tres segundos sin probar la lectura (aplausos)
- Muy bien, Jaime, sigue…
- Lo mismo que yo, lo mism…
- ¡¡Luís!!
- Perdón
- Continúa, Jaime.
- No sé qué más decir. Es la primera vez que hablo en público y… bueno, sí, el otro día me acatarré y fui al médico (risas). Me mandó un antibiótico y…
- ¡ohhh!
- No, no era nada grave
- ¡Ahhh!
- Sólo que estuve a punto de leer el prospecto y…
- ¿Ehhh?
- Afortunadamente, mi esposa lo hizo por mí. Ni siquiera quise ver el nombre del producto.
- Bien, muy bien Jaime. Así es como se empieza. ¿Nos cuentas algo más?
- No sé. ¿Cómo qué?
- Por ejemplo, ¿qué sentiste ante las letras del prospecto?
- … Pues… ansiedad. Noté como que me faltaba la respiración. Creo que aún estoy con el simio.
- Lo mismo que yo, lo…
- Luís, por favor…
- Vale, me callo.
- Eso es normal, Jaime. De hecho, y aquí todos lo sabemos, el simio, tal como lo llamas, no se acaba nunca del todo. Lo importante es resistir. Por eso estamos aquí, para ayudarnos los unos a los otros a superarlo día a día, aconsejando según nuestra humilde experiencia personal de cada uno y cada cual. ¿Te has deshacido ya de tus libros?
- Sí, me he deshacido de todos. No ay ni uno en casa lla.
- Lo mesmo que… Perdón.
- ¿Y cómo te sientes?
- Pos algostraño, la verdad. Liberao y uérfano a la vez. Mu raro.
-Bas por buen camino. ¿Y tacuerdas del día en que te distes cuenta dequestabas enganchao a la lectura?
- Ahora sí, pero me costó musho darme cuenta caval del día xacto. Fue cuando me tiré to el puto dia pa leer de un tirón el Ulises del Joyce ese. Aí fue cuando me dije, dije, “Jaime: estás jodio y eres un lictoadicto”. Y me bine pacá.
- Bueno, Luís, ¿y tu qué, lo mehsmo?
- ¡Quía, que va señoita! Lo mío fue pior entoavia. Pos ná, que me puse a leer “El hombre sin cojoneh”, o argo ansí, de un tal Muzil y que, mira, que me entra un dolor de cabeza que me empieza a subir por el colodrillo que digo, digo: que tengo que ir pal licto anónimo ese y paquí quehtoi.
- Mu bien Lui. Mu sincerote. ¿Algún comentario máh o lo dejamos pa la semana que biene?
- Señoita Espe, señoita Espe…
- ¿Qué quiés tu ahora, Maite?
- Eg questá la feria del libro de Madrí. ¿Podemos ir?
- ¡Ni hartos de griffa!
- ¡Jo!
- Pos venga, va, punto y finá.

El bosón de Higgs


Fuentes cercanas al CERN han confirmado esta madrugada a nuestra redacción, la detención del bosón de Higgs, más conocido como ‘La partícula de Dios’, cuando pretendía huir a través de un mini agujero negro del Gran Colisionador de Hadrones, en la frontera franco-suiza. El Bosón de Higgs está acusado, entre otros delitos, de ser el máximo responsable de la creación de una amplia red de bosontraficantes, llamada El Campo de Higgs, dedicada, principalmente, a poner en cuestión, e incluso contravenir, las leyes de la gravedad cuántica. “Llevaba meses acorralado dentro del LHC –informa uno de los máximos responsables del CERN- pero, por más que estrechábamos el cerco en torno a él, siempre se nos escurría de entre las manos como una anguila,… hasta hoy”. Los investigadores disponen de sólo setenta y dos horas antes de ponerlo a disposición judicial. “Es poco tiempo -asegura el mismo responsable- para sacarle toda la información que necesitamos, pero –añadió enigmático- disponemos de métodos muy persuasivos”.
El gabinete de abogados ‘Gluón Rojo e hijos’ ha decidido hacerse cargo de la defensa del encausado, mientras algunos fermiones –quarks azules sobre todo, y algunos leptones- se presentarán, a título personal, como acusación particular.
Por su parte, la asociación ‘Hadrones por la democracia’, ha interpuesto una demanda ante el juzgado de lo social, por daños y perjuicios ocasionados a algunos de sus miembros a los que, asegura, se obligó a dar vueltas y más vueltas y golpearse unos a otros en dicho colisionador y a velocidades que quitaban la respiración, en busca del Bosón de Higgs. “Son daños colaterales. Siempre los hay”, nos dice el máximo responsable del CERN. Aunque El Vaticano, por el momento, guarda un prudente silencio, algunas fuentes cercanas a Su Santidad el Papa, han asegurado desconocer “ tanto el Bosón de Higgs, como  la partícula de Dios –y añaden- ¿qué tonterías son esas?”.


El libro interactivo


Cuando acabe de leer este libro, moriremos los dos. Mi mujer dice que exagero, que nadie se muere de aburrimiento. La culpa de que se exprese en esos términos es toda mía. Comentarios del tipo “vaya tocho”, por ejemplo, o “que tedioso es esto”, han podido influir en su apreciación. Mi intención era evitar que también ella cayese en las garras del mamotreto. Ya desde el principio el texto capturó mi atención con sus ambiguas metáforas y sutiles alusiones a lo que se avecina y, por supuesto, sigo leyendo con creciente interés los avatares que se van sucediendo a la espeluznante velocidad de la luz, dicho sea de paso y sin exagerar un ápice. Por si fuera poco, la obra permite, además, una lectura sesgada, con posibilidad de saltar a alguna página posterior, inclusive a la última, sin que por ello se pueda dar el libro por finalizado. Esta libertad de movimientos es, por otro lado, engañosa, es como miel en los labios, pero miel mezclada con arsénico. Antes o después hay que volver a la página desde la que salté para seguir leyendo en continuidad. Esa es su trampa. Ahora ya nada me parece igual que cuando empecé la lectura y me planteo la cuestión de releer algunos párrafos anteriores para ver donde he perdido el hilo de la trama. Echo un vistazo y las páginas anteriores han desaparecido, se han volatilizado, por decirlo metafóricamente. Físicamente siguen ahí, por supuesto, pero han enmudecido, ya no dicen nada. Lo que pretendo señalar es que una relectura de la obra resulta absolutamente imposible. Pero hay más. Cuando, en mi avance lineal, llamémoslo así, arribo a una de las páginas a las que en su momento salté alegremente, observo un fenómeno similar. Las páginas ya leídas, sea hacia delante o por detrás, pierden todo su valor y ahora sé que la obra ya no tendrá el final esperado si es que, por ejemplo, había ido hasta él en algún momento anterior. Pero eso, lejos de constituir un consuelo, me sumerge en la perplejidad y la angustia de lo incierto. Y este nuevo estado de ánimo, en vez de ayudarme a pausar la lectura, a tomármela con calma, más aún sabiendo lo que me espera, me obliga a una carrera contra reloj. Y así uno tras otro van cayendo como hojas muertas todos los finales viables y voy olvidando los comienzos inexorablemente. Cualquier comienzo creído. Sí, moriremos los dos: el libro y yo. Y lo peor es que nadie, ni mi mujer siquiera, se darán cuenta cabal de lo sucedido. Seguiré haciendo como que leo mientras vaya pasando la páginas vacías, como que respiro profundamente cada vez que uno de esos párrafos que ya no existe, aunque siga estando allí, me haga volver a meditar mientras me quito las gafas de leer con gesto displicente y cansino, como que sigo intentando comprenderlo cuando sé que no hay nada que comprender en este estar definitivamente en el más allá.

Sobre "El libro de Möd"


Por lo poco que podemos conjeturar, ya la primera edición de El libro de Möd venía precedida del enjundioso prólogo del sabio y erudito Ernst Weber, prólogo que se ha mantenido íntegro en todas las tiradas sucesivas. En cincuenta densas páginas, el crítico literario e historiador parecía querer introducir a los lectores de su época en los recovecos del laberinto que, a su parecer, era la obra prologada. Sucesivas ediciones iban añadiendo nuevos prefacios con aporte de material más reciente y nuevos datos sobre la presunta vida y obra del anónimo autor de El libro de Möd. Aunque ninguno llegara a la altura de la introducción weberiana, todos ellos fueron quedando para la posteridad, aunque sólo fuera porque complementaban y aclaraban ciertos pasajes que el primer prólogo había dejado en el olvido o no había acertado a especificar claramente.
La poetisa y periodista Margarita Antúnez fue la primera mujer que escribió, algunos siglos después de la primera edición Weber, un prólogo a la obra que supuso en su tiempo una auténtica revolución en el mundo literario. No era que la escritora enjuiciara El libro de Möd desde una perspectiva feminista limitada, como se quiso decir entonces, sino que planteaba una lectura radicalmente distinta a la propuesta por Weber. No se trataba solamente de que cada generación de lectores encuentre siempre nuevas y sorprendentes deducciones al leer una obra maestra como aquella. Era mucho peor que eso. Era como decir que todas las generaciones habidas desde Weber hasta ella se habían equivocado en su lectura, lo habían leído mal. Ni que decir tiene que, desde entonces, las ediciones del libro se multiplicaron hasta lo inusitado y en todas, un nuevo prólogo, siempre de autores reputados en la materia, trataba de invalidar las tesis ya de uno ya de la otra prologuista. Además, ningún editor se atrevía a suprimir ninguno de los prólogos anteriores por lo que, finalmente, las ediciones fueron conteniendo cada vez más densas páginas prefaciales, poniendo en peligro la propia libertad del lector para enjuiciar la obra por sí mismo.
En el penúltimo prólogo conocido, el editor proponía y llevaba a la práctica, una decisión salomónica: dividió la obra en dos volúmenes de manera tal que el primero contenía los diferentes prólogos y prefacios que se habían ido acumulando a lo largo de los siglos. En el segundo aparecía El libro de Möd sin aditamento alguno, puro, tal cual salió de la pluma de su anónimo autor, sin ni siquiera notas a pie de página, que ocuparían un tercer volumen que nunca se publicó. Aunque la solución pareció en su tiempo la más correcta, resulto catastrófica para la obra, desaparecida hace casi ya dos siglos. Al desgajarse de sus prólogos, el libro, lejos de cobrar más altos vuelos, se convirtió en un galimatías que ya nadie era capaz de comprender si no era accediendo antes al primer volumen. Pero para cuando el lector se había embebido de todos los prefacios contenidos en él, ya había perdido el interés por la obra original a la que, a lo sumo, echaba un rápido y hastiado vistazo.
En la última edición, cuya salida al mercado se ha producido estos días pasados, el nuevo prologuista se lamenta con cierta amargura no exenta de ironía, de la definitiva desaparición del libro. Asegura, no obstante, que palabras sueltas e incluso alguna que otra frase completa de El libro de Möd original pueden rastrearse aquí y allá, dispersa por diferentes obras de variopintos autores, especialmente noveles. Pero no aduce pruebas ni ejemplos al respecto.

Cuando perdí la fe

 a Kierkegaard in memoriam

El Ángel, como todo el mundo sabe, sujetó la muñeca de mi padre y señaló hacia el carnero enredado en las zarzas. Lo que nunca se ha dicho es que, a pesar de ello, mi padre siguió intentándolo y el Ángel tuvo que forcejear con él, empleándose a fondo, para impedirle clavar su cuchillo en mi corazón incircunciso.
Pero no fue la obsesión sacrificial de mi padre la que me hizo perder la fe, sino el hecho de descubrir, mucho tiempo después, que, desde el principio, mi madre había estado al tanto de la maquinación y, sin embargo, había guardado un silencio entre sumiso y cómplice, al respecto.

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Orestes (Soneto al neoclásico modo)

Un castigo ejemplar sin parangón
pide la Diosa a su terrible ultraje
y dispuesta a acabar con su linaje
lanza al hijo su horrible maldición:
Orestes penará sin remisión;
desértico ha de ser siempre el paisaje
que encuentre el matricida en su viaje
y acechado será, sin compasión,
por la ira sin fin de las Harpías
que colmarán su alma de terror.
Y pasará las noches y los días
sufriendo el aguijón de su rencor.
hasta apurar él solo, el homicida,
el cáliz abismal de su furor.



Ilustración: Camelia Davidescu

Homérida

I
Pronto supieron los insignes vates ciegos
Que aquel muchacho era especial.
Su voz, pese a la edad, grave y sonora;
su exquisito manejo de la lira;
su innato amor hacia la, por siempre, virgen Afrodita.
¿Pero a quién encomendar su pupilaje?

II
Veinte años lleva ya con su viejo maestro
y, sin embargo,
¡le queda tanto aún por aprender!
Y así piensa a veces todavía
que todo este tiempo de penoso aprendizaje
no ha sido más que un largo desengaño.
No lo conseguirá y lo sabe,
más ha de presentarse ante el tribunal de los Aedos
y perpetuar el engaño.

III
El anciano, en tanto, no comparte esos temores.
Con impecable rigor ha ido tejiendo la red
en torno a su díscolo aprendiz:
el único digno heredero
de portar la fórminge de Orfeo.
Puede presentarlo con orgullo a sus colegas.
Pasará la prueba y será
uno más en la asamblea
de los sabios vates vagamundos ciegos.
Y el anciano maestro, al cabo, podrá retirarse a descansar.



Ilustración: Camelia Davidescu

El turista galáctico

 Ante el muro del tiempo indefinido
Tuvo la amabilidad de detenerse
Y posar para mí, que le observaba
Entre la admiración y el pánico.
Era el turista plástico galáctico
Junto a su nave contenedor-exploradora.
Me sonrió con su sonrisa burlona y luego
Me hizo posar para él.
Es como aparezco aquí,
Reconvertido a su forma.


fotomontaje, Janial Laggue

Romance de la doncella y el doncel


(Del “Romancero apócrifo”)

Por las tierras de La Mancha,   en su brioso corcel,
cabalga en pos de su hado,   un afamado doncel.
Al trote lleva al caballo   por los campos de Montiel.
Va al encuentro de su amada,   va a encontrarse con su bella.
A ella solo se encomienda,    la su adorada doncella.
Sólo hacia ella sus ansias.   Ella es su bien, es su estrella.
No tiene más pensamiento   que el de ayuntarse con ella.
Siente un gustillo en los huevos   que le sube a todo el cuerpo.
El trotecillo pausado   lo pone a ciento y onceno:
ese trote tan lascivo,   ese trote tan ligero.
Sube y baja, sube y baja,   hasta secar su venero.
La doncella, mientras tanto,   dulce, cariñosa y tierna,
recogida en su bufete,   siente ardores de entrepierna.
“¿Dónde estará el muy bandido,   dónde estará el sinvergüenza?
(No confundir con el noble   recostado de Sigüenza)
Ven deprisa, amado mío,   que este fuego ni con agua
soy capaz de sofocar,   aunque remoje mi enagua.
Unas gotas de Chanel,   mis muslos perfumarán,
y atraerán a mi doncel   cuál veloz alcaraván”.
Pero el doncel no se allega,   va muy lento su caballo.
Y aprovecha la ocasión,   muy ladino, un mal lacayo.
Haciendo ver que es eunuco,   aunque es un poste de mayo,
le olfatea su chanel   y , pis pás, la ha desvirgado.
Ya le quitó los ardores,    ya el incendio es sofocado.
Ya la doncella no es tal;   ya el doncel es ultrajado.
“He llegado en cuánto pude,   ¡pero cuán tarde he llegado!
-exclama el pobre cornudo,  -aunque haya venido al trote”.
Así le responde ella  la ex doncella ya sin dote,
ya carne de lupanar:   “Haber venido al galope”.

Hasta aquí ha sido el romance:   de la doncella, el doncel,
del malhadado recurso   a las gotas de Chanel.
De los embustes ladinos   de un fementido lacayo,
de los campos de Montiel   y del trotar de un caballo.

El negocio del poeta

- ¿Pero usted sabe lo que cuesta construir un auténtico soneto?
-  Euro más, euro menos, seguro que llegamos a un acuerdo.
- ¡Una eternidad en catorce endecasílabos!
- ¿Le parece bien dos euros por verso?
- Además, en los tercetos se permite cierta libertad. Pero los cuartetos exigen una métrica y una rima en consonante perfectos. A, B, B, A…
- Está bien, no discutamos, ¿será por dinero? Treinta euros por cada uno. Pero tienen que ser dos. Uno para mi amante y otro para mi esposa. Pobrecita. La tengo tan abandonada.
- Aunque no hay que exagerar. También se admite cierta variedad rítmica. No hablamos de una prosodia petrificada.
- Y, al fin y al cabo, es la madre de mis hijos. Venga, va. Cuatro euros por verso para el soneto de Angelines –es el nombre de mi patrocinada, por si quiere usted incluirlo en su soniquete-, que hacen cincuenta y seis y…
- También se admiten los sonetos con estrambote, claro está.
- … tres euros por cada… ¡Ah, no, no, de estrambotes nada! 
- A mi tampoco me gustan demasiado. Es como un quiero y no puedo.
- De acuerdo pues. Así que en total, le puedo ofrecer por los dos sonetones noventa y ocho euros. Por supuesto, sin derechos de autor. Esos me los quedo yo. ¿Cerramos el trato?
- Depende de los nombres. Uno ya me lo ha dicho, Angelines. ¿Angelines qué más?
- Angelines Coñiflor. No le será difícil rimar.
- ¡¿Ah, no?! Dígame con qué y le hago un descuento.
- Pues,… no sé… con la palabra flor, mismamente.
- ¡Por favor!
- Bueno, tal vez,… coliflor…
- ¡Puaggg!
- …Albor… Candor…
- ¿Coñiflor candorosa?
- ¡Si la conociera!
- Ya me gustaría, ya. Bueno, ¿y la interfecta?
- ¿Quién?
- Su esposa…
- ¿Qué? ¿También la quiere conocer? Me haría un gran favor.
 - No, no, no. Que cómo se llama su santa.
- ¡Ah, la mala pécora!... Déjeme recordar… ¡Ah, sí!, Rosalinda de Guzmán.
- ¡Arrea!... Cada vez me lo pone usted más difícil.
- De Guzmán,… Alcarabán. Si hasta yo sé hacerlo.
- Y Rosalinda,… una guinda.
- Me gusta.
- Ejem…Dejémoslo estar.  Doscientos euros por los dos. Es mi última oferta.
- ¿Cien euros por sonetón? ¿Está usted loco?
- Y el IVA lo pone usted. Yo no puedo. Soy poeta.
- ¡Pero bueno…!
- Y, además, las consumiciones a su costa.
- ¡Eso sí qué no. Hasta ahí podíamos llegar! Beber a deshoras no desgrava.
- Está bien, está bien… ¡Fermín… pon estas copas a la cuenta del señor…! ¿Cómo dijo que se llamaba?
- ¿Quién, yo?
- No. Su padre.
- Entrambasaguas, como yo. Leovigildo Entrambasaguas.
-… ¡Entrambasaguas!...
- … ¡Vale, tomo nota!…
- ¿Y bien?
- De acuerdo, de acuerdo. ¡Qué remedio! ¿Para cuando los tendrá?
- Como usted comprenderá, una eternidad por soneto, son dos eternidades. A una semana por eternidad…
- Vale.
- La mitad por adelantado.
- ¡estos poetas! ¡Siempre con hambre de dinero!

Gramática

Propongo un nuevo tiempo verbal: futuro imperfecto indicativo de un pretérito pretendidamente pluscuamperfecto.

El librero de Alejandría

El librero de Alejandría existe, se llama Paco y vive en León, Su consultorio literario se halla en la  calle Fajeros nº 2: Alejandría Libros. Dejaos guiar por él.

(Entra)
- Buenas.
- Buenas.
- Venía buscando un libro de poemas.
- ¡Vaya, vaya, así que un lector extravagante! ¿Lo quiere a lo bestia o un título en particular?
- Mas que un título, un autor.
- ¿Le vale igual una autriz?
- Por supuesto, por supuesto, es sólo para regalar.
- Comprendo. Déjeme ver…un momento…enseguida vuelvo. Voy a la trastienda a ver qué encuentro.
-Tranquilo, no tengo prisa.
- Más le vale… (Tras un rato)… e voilá.
- Sí, éste es. ¿Qué le debo?
- Déjeme un momento que lo piense…
- Ya le he dicho que no tengo prisa.
- Vamos a ver, así que son… (…y me llevo tres…)…ehhh, veintitrés tristes horas con cuarenta minutos.
- ¡Jodó! ¿Y no me puede quitar el IVA o la tristeza o, a ser posible, los dos?
- (Éste quiere negociar). Le advierto que ya viene con las relecturas incluidas en el precio.
- Así y todo…
- Los tengo más baratos.
- Tampoco le pido tanto. En fin, ¿Cree que lo disfrutará?
- Con los libros de poemas, es difícil aventurar juicios. ¿Es hombre o mujer?
- ¿Quién?
- ¿No es para regalo?
- Es cierto, ya se me había olvidado. ¿Importa eso?
- ¿El qué?
- Si es para hombre o mujer.
- No, es sólo curiosidad. ¿Se lo envuelvo en celofán?
- ¿Sube mucho el precio?
- Entre diez y doces segundos. Depende de las prisas.
- No. Mejor, démelo como está. ¿Admite pagos con tarjeta de visita?
- ¡Naturalmente!
- Perdone si le he molestado, sólo quería confirmar su probidad profesional.
- No me ha ofendido.
- Por cierto, ¿no tendrá libros para niños?
- A muy buen precio.
- Póngame uno, también con versos.
-¿Para regalo o compromiso?
- No lo sé. Es para mí.
- Compromiso entonces. Veamos que hay por aquí. ¿Le gusta éste?
- ¡Es en prosa!
- Déjeme ver… se equivoca… es verso libre, señor, con algunas rimas despistadas.
- ¡Ah!, sí, es verdad,.. Pero…a un niño... no sé yo.
- Es bueno que empiecen pronto.
- Tiene razón. ¿Cuánto vale?
- Con los libros para niños es difícil calcular. Un momento, por favor.
- Mi impaciencia tiene un límite.
- Tengo que consultar… Como es de segunda mano, se lo dejo en veinte minutos.
- ¡Demasiado barato!
- ¿En qué quedamos? Se lleva dos obras maestras ¡por veinticuatro horas!
- Visto así…Aquí tiene mi tarjeta.
- truncan lunas truncan lun…La máquina me la ha aceptado. Pero le advierto, señor, que está a punto de caducar.
- No se preocupe. Lleva años así.
- Yo no me preocupo por nada. Sólo insinúo. Aquí tiene su recado. Vuelva cuando guste por aquí.
- Vale.
(Sale)



  
Ilustración: Camelia Davidescu